24.03.2018

Richard Dudanski, un músico entre el Londres punk y la Granada post-Franco

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El músico Richard Dudanski.

El músico Richard Dudanski a la batería.

Hablamos con el músico Richard Dudanski, protagonista del Londres okupa y punk de los 70. Batería de bandas como The 101ers y The Raincoats; amigo y compañero de Joe Strummer, fue invitado a formar parte de The Clash, pero renunció, y ha acabado viviendo en Granada, junto a su mujer, Esperanza Romero. Su vida nada convencional está recogida en el libro Londres Ciudad Okupada’, que acaba de salir en castellano en edición de Libros.com. “Encontré muchísimo más interesante y real el ambiente post-Franco en Granada en 1976 que la revolución punk, esencialmente nihilista, que había en las calles de Londres”.

Maida Hill, oeste de Londres, verano de 1974. El 101 de Walterton Road es una casa okupada con moradores de varios lugares y países. Varios de ellos deciden montar una banda de música, entre los que se encuentran Woody Mellor, seudónimo de John Graham Mellor en honor a su admirado Woody Guthrie, y Richard Dudanski. El nombre elegido para el incipiente proyecto, The 101ers, es una declaración / reconocimiento al lugar donde se puso en marcha el proyecto.

Sin haber publicado un disco, durante su corta existencia, hay unanimidad en considerar a la banda como una referencia esencial de la escena pre-punk londinense. Una vez disuelta, sus integrantes pasan a formar parte de diferentes formaciones: Woody cambia su nombre por el de Joe Strummer, y pasa a liderar una de las bandas más reconocidas de la historia de la música popular: The Clash.

Dudanski es invitado a formar parte de la nueva formación, pero renuncia a ello. Su carrera musical recorre otras formaciones, como The Raincoats, Tesco Bombers o Public Image Ltd. (PIL). Su trayectoria personal está muy ligada a España desde que comenzó su relación sentimental con la malagueña Esperanza Romero, hermana de Palmolive, batería de The Slits, banda punk femenina de obligada referencia, y el posterior traslado de ambos a Granada, siendo influencias determinantes para el devenir hispano del propio Strummer.

Squat City Rocks es el título original de un libro publicado por Dudanski en Londres en 2014. Ahora ve la luz entre nosotros gracias a una campaña de crowdfunding promovida desde Libros.com y con el título Londres Ciudad Okupada. A lo largo de 300 páginas relata sus vivencias, desde los primeros 70 hasta ahora, incluyendo cerca de 50 bocetos y fotografías realizados por la propia Esperanza Romero, algunos hechos hace más de 40 años.

Sobre todo ello hemos conversado con Dudanski, que también nos relata los proyectos en los que ahora está embarcado.

¿Cómo era la escena musical en Londres cuando empiezas a tocar, en aquellos momentos pre-punk?

Vibrante. En mi entorno, muchísimos grupos tocando, de todos los estilos, y en todo tipo de locales, muchas veces con entrada libre. A pesar de esa cantidad de grupos y la respuesta del público, es interesante hacer constar la indiferencia casi absoluta por parte de los sellos discográficos hacia ellos.

Lo primero era buscarse la vida…

Por supuesto. ¡Entonces y ahora! Buscarse la vida…, pero siempre anteponiendo nuestras prioridades.

La ‘okupación’ era algo habitual. ¿Necesidad?, ¿moda?, ¿práctica política directa?

¡Habitual hasta cierto punto! Había muchísimos factores con los cuales no hubiera aguantado la mayor parte de la gente… La falta de estabilidad y salubridad -sin cubrir condiciones muy básicas como un cuarto de baño-, el antagonismo policial/legal, etcétera… La prensa amarilla nos describía como ”la escoria de la sociedad”. ¿Motivos? Depende por supuesto de cada individuo y muchas veces había múltiples motivos. En nuestro caso fue la posibilidad de crear un espacio vital a nuestra medida, y esencial para los músicos… Un sitio donde poder ensayar. El simple hecho del Squat es en mi opinión un acto político por sí solo.

¿Qué recuerdas de aquella etapa ‘squatter’?, ¿la mejor universidad posible en aquellos años?

Ciertamente. Tengo unos recuerdos buenísimos de aquellos años. Una universidad donde se aprendía a vivir con lo mínimo posible. Y con la máxima libertad. Eso y la apreciación de compañerismo.

Conciertos en espacios ‘okupados’, pubs, cárceles e incluso iglesias… Supongo que algo inolvidable

Era una ley no-escrita: “Nunca rechazar la posibilidad de tocar en público”. Éramos insaciables. Los Squat Bops eran conciertos en espacios okupados para apoyar a grupos de okupas de otros barrios. Eran frecuentes.

Bandas que surgen y desaparecen continuamente, ¿motivos?

Eran momentos muy inestables, pero además creo que la corta vida de las bandas era algo bastante saludable. La música es muy amplia, y el hecho de tocar con mucha gente diferente es sin duda enriquecedor. Quizás lo que no es normal es que un grupo dure años y años. En los grupos de éxito, muchas veces la única razón de seguir juntos es la económica.

Comienzas a tocar con Joe Strummer en The 101ers. ¿Cómo se puso en marcha y desarrolló la propuesta?

Había cuatro amigos que vivían en la misma casa okupa, 101 Walterton Road, con ganas de tocar música. El desarrollo fue rápido una vez que empezamos a tocar habitualmente en un pub local. El primer bolo, septiembre 1974, fue también mi primera actuación en público…, y después de sólo llevar tocando una semana la batería, sustituyendo al batera habitual. Realmente un bautismo de fuego.

Pero todo tiene un final. ¿Cómo fue la ruptura?, ¿rabia, resentimiento, pena?

Es algo muy complicado de explicar en una frase. En el libro hay un capítulo entero. Ciertamente sentía esas tres emociones, pero también tuve que entender los porqués de la situación. Tuve que ser consecuente con mi decisión de no seguir con The Clash…, la vida seguía…

¿Estuvisteis en el lugar y en el momento adecuados?

¿Imagino que hablas del año 1976? Depende de adecuados… ¿¿¡¡para qué!!?? Para mucha gente hubiera sido el lugar y momento idóneos: ¡la oportunidad de su vida! Yo no lo veía así. Era un momento de polarización, y yo simplemente no estaba dispuesto a dejar mi ser en manos de un tal Mr Rhodes.

Por lo que cuentas, Joe tenía como una cierta doble personalidad. Desde el respeto y el cariño, ¿fue manipulado?, ¿puede considerarse un neoconverso?

En mi opinión, más bien se dejó manipular; no sé si es lo mismo que ser manipulado. Nunca he entendido muy bien por qué Joe tenía tanto respeto hacia Bernie Rhodes, el manager y galvanizador de The Clash. Creo que en el fondo pensaba que fue el precio que tenía que pagar por el éxito, que siempre fue su gran ambición.

Sex Pistols o The Clash, musicalmente muy potentes, salieron adelante por montajes perfectamente diseñados. Al principio el punk se podría entender como una actitud, pero ¿fue rápidamente manipulado?

Fue manipulado desde el principio. MacLaren y Rhodes sabían muy bien que había un hueco en la cultura joven listo para ser ocupado. Podría decir que los dos de hecho fueron los creadores del movimiento punk en el Reino Unido, basado mucho en lo que MacLaren había visto en Nueva York. Es un tema muy complejo. Por supuesto, para muchos jóvenes el punk fue una experiencia, una manera de ser, liberadora y positiva…

Arrogancia, comportamientos estúpidos, incitación a una violencia gratuita, ¿primaban sobre lo musical?

Quizás no primaban, pero para algunos de los grupos y seguidores poseían una marcada chulería, y la imagen era muy importante. De todas maneras, en el rock’n’roll siempre ha existido un trasfondo de violencia. ¡Lo que a mí me fastidiaba era esa pose de aparentar ser un tipo duro más de lo que realmente se era!

Incluso peleas físicas reales entre músicos, y en algunas tú como protagonista.

¡Es verdad! ¡Pero para los detalles mejor leer el libro!

¿Había otras alternativas musicales viables/visibles en aquellos momentos o sólo había ojos para el punk?

Por supuesto, había otros géneros, pero especialmente durante 77/78, los ojos de la industria, incluida la prensa especializada, estaban muy pendientes de las nuevas formaciones punk.

Managers e industria tenía un papel determinante en la situación, en muchas ocasiones con irregularidades evidentes, incluso delictivas. Contratos, cuando los había, que se incumplían, derechos de autor no reconocidos, exclusión de músicos en los créditos de los discos. ¿Todos estaban/estabais implicados?, ¿existió algún movimiento anti-industria musical?

Sí, había de todo con las discográficas y los managers. La industria de la música realmente es una jungla, pero no es justo decir que todos eran igual de mezquinos. Había algunos nuevos sellos con una política mucho más equitativa hacia los músicos: Rough Trade, por ejemplo. La anti-industria sí fue un aspecto muy positivo de la explosión punk. Por su propia identidad, dudo en llamarlo “movimiento”. Era la tendencia de Do it yourself, y algunos de mis mejores compañeros musicales iban por ahí. El hecho de cambiar tu propio nombre, el nombre de tu grupo y el nombre de tu sello discográfico para cada nuevo disco/casete que lanzaras, fue realmente la máxima expresión anti-establishment. ¡Contra todas las normas de un buen plan de marketing!

El punk, con todas las críticas que queramos, ¿cambió la industria musical, la cultura en general?

En una forma temporal, sin duda. De repente surgen todo tipo de nuevos grupos, nuevos lugares para tocar y nuevos sellos con los que sacar tus grabaciones. Pero rápidamente los sellos tradicionales se dieron cuenta de que había pasta de por medio, y cambiaron sus políticas. ¿La “cultura en general”? No creo que le influyera tanto. Fue rápidamente incorporado a la industria de moda, y poco más. Había otras corrientes culturales que sí se desarrollaron en los siguientes años. El Do it Yourself fue siempre un concepto fundamental de los squatters y de la anterior contracultura, que fue incorporado por el punk. Así, movimientos como Rock Against Racism, Gay Pride y Anti-Nazi League también florecerían en el 78 /79

Johnny Lydon, vocalista de Sex Pistols, siempre apostando por la diversidad musical en un sentido amplio, con una personalidad arrolladora, ¿cómo fue la experiencia compartida con él en PIL?

En mi primer contacto con ellos, había visto en PIL la personificación del grupo ideal para mí en ese momento. Independientes, sin manager; escépticos como yo del Punk Creation de MacLaren y Rhodes, y con una música alternativa interesante, muy basada en la sección rítmica; al tiempo que de alguna manera representaban la justificación de mi rechazo a la banqueta de The Clash. Sin embargo, después de seis meses de inactividad casi completa, aparte de la grabación de varios temas que formarían parte de Metal Box, me desilusioné con el proyecto…

¿Y en lo personal?

Me caía muy bien John. Compartíamos un gran interés por muchos tipos de música… renacentista, Irish folk, reggae, etc…, y con Wobble también pasamos momentos muy divertidos. Keith Levene, que venía de The Clash, era sin duda la fuerza creativa principal de la banda, ¡y con quien terminé en un estado de conflicto casi permanente!

¿Qué tal el paso por The Raincoats?

Me lo pasaba muy bien tocando con The Raincoats. Su música me gustaba mucho, y la verdad es que era muy refrescante tocar con un grupo de chicas. Había otra dinámica dentro del grupo. Toqué con ellas durante dos periodos: al principio, en el 77, y luego en 82/83, cuando grabamos su tercer álbum, Moving. Que desilusión con el desenlace después de la reedición en 1993. ¡¡Para más detalles, el libro!!

A propósito de The Raincoats, las mujeres artistas/músicas siempre han estado cerca de ti, ¿motivos?, ¿casualidad?

Hmmm… ¡nunca lo había pensado! Sin duda alguna, ¡vivan las mujeres! Por cierto, los dibujos que acompañan el libro son de mi compañera desde el principio de esta historia, Esperanza Romero, muchos de ellos realizados en su momento.

Viajes a Brasil, Marruecos…, ¿cambian la manera de entender/ver la música?

¡Oh, sin duda alguna! Para entender la música y por supuesto la vida en sí.

¿Por qué te trasladas a España?

Desde mi primera visita a España en 1974, sabía que era el sitio donde querría vivir. Es un tópico, lo sé, pero es verdad que culturalmente encuentro más chispa aquí que en la cultura británica; más vivacidad, más comunicación y más entusiasmo.

Cuando llegas a Granada, ¿qué diferencias percibes entre aquel Londres punk y la España posFranco, saliendo de la dictadura?

La segunda ocasión de llegar a Granada fue en otoño del 76. Con solo un año después de la muerte de Franco, el país seguía todavía bajo la penumbra de la dictadura. El ambiente de la ciudad entre la gente joven estaba al rojo vivo…, manifestaciones, conciertos de cantautores, cargas policiales. Lo encontré muchísimo más interesante y real que la revolución punk, esencialmente nihilista, que había en las calles de Londres.

Musicalmente, ¿qué supuso el cambio de ciudad/país?

Un gran cambio. También coincidió con el nacimiento de nuestra primera hija. La música tuvo que quedarse en un segundo plano mientras nos adaptábamos a nuestra nueva vida, pero después de un par de años montamos un nuevo grupo, Por Si Las Moscas, y luego toqué con un grupo marroquí, Aljaima.

¿En qué estás ahora?

Tengo varios proyectos. Después de 15 años sigo tocando con el cantautor Tom Lardner en nuestro grupo, El Doghouse. El año pasado grabé con un viejo amigo, Tymon Dogg, y músicos locales: Antonio Arias y Juan Codorníu, de Lagartija Nick, y JJ de Lori Meyers… Mi último proyecto, Unhappy Fly, es con otro viejo amigo británico, Xentos. Tocamos en varios grupos juntos en los 70 y 80, él fue la personificación del Do it yourself. Acabamos de terminar de grabar un álbum que me gusta mucho.

Tú que has sido okupa activo, ¿qué piensas de la Plataforma AntiDesahucios? ¿Has colaborado con ellos?

Tuve la suerte en 2011 de hacer la investigación para un documental del canal japonés NHK sobre la situación económica en España y su impacto sobre la vivienda. Estuvimos en Barcelona un par de meses siguiendo las trágicas historias de los desahucios y la lucha de la PAH a favor de los afectados.

Tu libro, como libro vivo que es, cuenta tu visión relativa / subjetiva de aquellos años, ¿qué te llevó a escribirlo?

En el año 2001, Strummer y yo habíamos empezado a buscar un sello para reeditar el LP de The 101ers Elgin Avenue Breakdown, que durante muchos años había sido descatalogado. Decidimos montar una página web sobre el grupo y empecé a escribir una introducción. De repente, me di cuenta de que había una buena historia que contar. ¡Tardé solo 14 años en terminarlo!

Se ha publicado mediante ‘crowdfunding’, ¿todavía hay esperanza? Con minúsculas, Esperanza con mayúsculas es obvio que sí.

Siempre hay esperanza; por lo menos hasta el último suspiro…

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Sobre el autor

Rubén Caravaca Fernández
Dinamizador y asesor cultural. Miembro de Cultura en Red y en Movimiento. Ha impartido cursos y talleres en centros culturales y universidades de una decena de países de tres continentes. Publicado una docena de libros, la mayoría sobre gestión cultural, trabajando con cerca de 100 artistas de todo el mundo. Miembro del Panel de Expertos del Observatorio de la Cultura de España y de la Red Iberoamericana de Docentes IBERTIC. Twitter: @rubencaravaca

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Un comentario

  • El 26.03.2018 , Luz ha comentado:

    interesante…gracias

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