04.12.2018

¿Los robots tendrán consciencia, sexo con nosotros, se enamorarán?

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El joven investigador español Pablo Lanillos estudia, con una beca Madame Curie, las relaciones entre la inteligencia artificial y el cuerpo humano.

El joven investigador español Pablo Lanillos estudia, con una beca Madame Curie, las relaciones entre la inteligencia artificial y el cuerpo humano.

Este otoño Madrid se ha llenado de robots. Desde la gran conferencia mundial IROS 2018, a la que asistieron unos 3.000 investigadores, a la exposición ‘Nosotros Robots’ en Fundación Telefónica. En ‘El Asombrario’ teníamos ganas de conversar sobre todo este asunto de los robots desde un plano humanístico y muy directo. Y encontramos a Pablo Lanillos (Madrid, 1981), un joven, ya prestigioso y muy prometedor investigador español que actualmente está en la Universidad Técnica de Múnich con una beca Madame Curie de la Unión Europea a vueltas con la inteligencia artificial y el cuerpo humano. Cómo aprendemos los humanos para aplicarlo a cómo pueden aprender los robots, quizá hasta que tengan consciencia de sí mismos. Cada respuesta que me daba, me despertaba la curiosidad en otras cien preguntas.

Estudias cómo nuestro cerebro va aprendiendo, capa a capa…

Bueno, sí y no. Ahora ya nos hemos alejado de la doctrina cartesiana de que sólo el cerebro es el que piensa, ahora sabemos que todo nuestro cuerpo está conectado y que todo él interactúa y toma decisiones. Ahora se habla mucho, por ejemplo, de cómo el intestino modula el funcionamiento del organismo. No existe inteligencia sin cuerpo. El reto no está en la lógica, porque eso se puede reproducir fácilmente, sino en que un robot aún no está preparado para coger un vaso lleno de agua sin problemas. Los humanos aprendemos con el cuerpo, tocando cosas desde pequeños, interactuando con el mundo.

De ahí que al presentar tus investigaciones se diga que abordan ‘lo multisensorial’.

Claro. Hubo un boom del sentido de la vista; ahora empezamos a tener interés en sensores de otro tipo; escuchar, sentir el tacto… En mi laboratorio son expertos en el tacto.

Entonces eso va incluso más allá de intentar reproducir el funcionamiento del cerebro humano, algo ya extremadamente, extremadamente complejo.

No existe inteligencia sin cuerpo. Tú no puedes hacer un robot que coja un vaso si no es capaz de sentirlo. Como te decía, antes se insistía mucho en el sentido de la vista. Ahora se enfocan muchas investigaciones al tacto, por ejemplo. A partir de ahora van a tener el sentido del tacto. Es una fuente de información que se va a utilizar mucho, porque les da seguridad a los robots.

¿Y hay diferentes intereses de investigación según estéis en Japón, Europa o EE UU?

En Japón tienen una concepción diferente de la robótica desde hace muchos años. Es un poco tópico, pero hay buena parte de verdad: El robot es tu compañero, puede convertirse en un compañero. La visión norteamericana comenzó y sigue muy centrada en el robot para la guerra, como parte del Ejército. La visión europea es, simplificando mucho, pero también con mucho de cierta, un brazo robótico que construye coches, es una visión más alemana. Pero en Japón creen que realmente vamos a tener una sociedad donde se mezclen humanos y robots. Por eso ligan la ciencia cognitiva y la robótica. La gente muy buena en robótica acaba estudiando el cerebro humano.

Y en Múnich, en tu Universidad, especializada en ingenierías industrial y electrónica, ¿en qué os centráis, también en esa visión tan alemana de los robots como obreros para la industria?

En mi departamento trabajamos en la robótica enfocada a entender a los humanos, la robótica social. Estudié en Madrid, luego pasé por Coimbra (Portugal) y he ido cambiando los algoritmos en vehículos aéreos a esta vertiente que tiene que ver con cómo funciona el cerebro y el cuerpo humanos, para aplicarlo en robots. Y luego desde los robots llevarlo otra vez a los humanos. Es una doble dirección.

Ese camino de vuelta no acabo de entenderlo…

Tú puedes realmente implementar modelos y montarlos en un robot; y en ese proceso te das cuenta de muchas cosas de que las que antes no te habías percatado. Un humano no tiene que crear un cerebro, pero al robot sí tienes que creárselo; y en ese camino, toda la información que vas recogiendo, todo lo que vas aprendiendo del humano para que el robot se parezca al humano, vas aprendiendo mucho sobre cómo es el humano. Por ejemplo, a mí me ha pasado que intentando averiguar cómo implemento, cómo pongo en el robot algo que me está diciendo un modelo matemático de la neurociencia, se me ocurren experimentos en humanos, para ver realmente cómo funciona. Ése es el camino de vuelta.

Dentro de esos modelos cognitivos, me imagino que lo más complicado es que tengan consciencia de sí mismos.

Ese es un debate amplio. Hay gente que dice que sí, que hay una parte que podemos modelar en los robots, aplicando modelos matemáticos, si concebimos a los humanos sin ponerlos en un pedestal, eso de que somos los únicos animales con alma, sino que nos colocamos en un plano mecanicista. Hay una científica muy famosa, Susan Blackmore, que dice que la sensación de que tú eres tú es todo una ilusión. Si miramos hacia atrás, nos encontramos con Hermann von Helmholtz, que influyó mucho con su teoría de la inferencia inconsciente. Otros filósofos y psicólogos han seguido también esta línea de pensamiento, como el filósofo Alva Nöe. En mi opinión, la consciencia es un acto reflexivo; para mí, los robots nunca tendrán esa parte, yo creo. Llegar ahí es un proceso que solo ocurre en algunos animales -aparte de humanos, también en simios y posiblemente en algunos cetáceos-, que requiere un estadio muy desarrollado del cerebro, porque el cerebro se va desarrollando por capas –Stephen Hawking lo ha explicado perfectamente–, hasta que aparece la parte emocional, hasta que llegas al prefrontal; esa serie de capas es la que genera la parte consciente. Modelar esa parte inconsciente es factible, pero la parte de la ilusión de la conciencia, que es un acto reflexivo, no podemos modelarla hasta que no la entendamos. Por tanto, en mi opinión los robots están muy lejos de tener consciencia.

Quizá esto nos lleve a pensar que la mayoría de los seres humanos tampoco son plenamente conscientes de sí mismos y de su libertad e individualidad, sino que siguen los criterios de una masa…

Los extremistas de la filosofía de lo social, los que estudian el yo social, dicen que no existe tu persona sin tener en cuenta tu entorno social, no existe tu yo sin el otro. El niño cuando nace no distingue quien es él; todo puede ser él u otra persona. El reconocimiento en el espejo aparece a los 3 años; antes no se pueden reconocer en un espejo. Es un desarrollo de toda esa integración multisensorial para acabar reconociendo donde empiezas tú y donde acabas tú. Hay una pregunta muy interesante que hace una psicóloga social, Hazel Rose Markus, que dice que la representación de lo que eres tú es diferente en el mundo social dependiendo de si vives en Occidente o en Asia. La pregunta es muy interesante: Plantea que ante un incendio, si solo pudieras salvar a una persona, ¿a quién salvarías?, ¿a tu madre o a tu pareja? En EE UU, el 80% salva a su pareja. Y en Taiwan, el 80% salva a su madre. Eso dice mucho de lo que tú eres. Hay varias capas que podemos estudiar en los seres humanos que seguramente no podamos emular nunca en los robots, pero, aun así, es interesante ver cómo se puede intentar modelar.

Justo eso que acabas de decir, ver cómo se puede intentar modelar, da un poco de miedo, ¿no? Bueno, un poco no; mucho miedo. Porque en el camino de ida puedes aprender a hacer a los robots más humanos, pero en el camino de vuelta, puedes haber aprendido sobre cómo hacer a los humanos más robots, más obedientes, más manejables.

Sí, entiendo lo que dices de ese camino de vuelta. Pero nosotros hacemos ciencia para el conocimiento. Y luego ese conocimiento, como casi todo en ciencia, se puede aplicar a objetivos, digamos, positivos o, digamos, negativos.

Claro, también me planteo que en esos caminos de ida y vuelta podamos aprender mucho para aliviarnos de enfermedades mentales o males como el Alzheimer.

Yo trabajo en esto para entender [y subraya la palabra entender]. Aunque al final esto tenga aplicaciones, nosotros lo que queremos es entender, entender cómo funcionan los humanos y cómo funcionan los mejores robots. Se trata de mejorar el conocimiento. El yo entendido como algo integral de todo el cuerpo tiene mucho que ver con procesos como el de la esquizofrenia, los desórdenes del cuerpo tienen que ver con todo esto; también el de la gente que no siente que su cuerpo es su cuerpo. Esto es lo que intentamos entender, y es algo también muy importante para las prótesis, cómo integrarlas en nuestro organismo cuando tengamos partes tecnológicas. Por ejemplo, cómo integrar la prótesis de una mano, qué información tienes que enviar. Podemos hacer que en menos de 60 segundos tu cerebro y tu cuerpo acepten como tuya una mano de plástico. Todo eso para ayudaros a entender cómo hacer que los humanos vivan mejor. Toda esa investigación multisensorial es muy importante para saber más de cómo percibimos nuestro cuerpo. Ahora sabemos que todo lo que está ocurriendo en nuestro cuerpo, todas las señales que nos envían el corazón, el estómago, el intestino, los músculos, están generando unas sensaciones que utilizamos para tomar decisiones.

¿Tú ves que esto avanza rápido? ¿Cómo estaremos de aquí a 10 años, de aquí a 20? ¿Cómo van a ser las próximas generaciones de robots avanzados?

Yo creo que ya tenemos la suficiente tecnología, tanto en sensores como en algoritmos, para crear robots que sean más complejos, y que se puedan relacionar con nosotros. Ahora se está trabajando mucho también en robots con texturas blandas, para que logren un mejor acercamiento a nosotros, mayor empatía. Y sí, en 10 años tendremos robots con nosotros. ¿Para qué servirán? Es una pregunta muy abierta. Como si hace 10 años nos hubiéramos preguntado para qué servirían los móviles. Mira cómo han evolucionado. Es una pregunta que hay que hacerse. ¿Para qué queremos que sirvan? El robot debe aprender a actuar. En no mucho tiempo vamos a vivir en una sociedad robotizada, pero no en ese sentido de pensar que nos van a quitar trabajo, sino integrados con nosotros.

Más que un peligro, ¿una ayuda?

Claro, yo lo veo más como un desarrollo normal de la sociedad. Lo que plantea la película 2001: Una odisea en el espacio. El desarrollo normal es que utilicemos la tecnología para ayudarnos; el principal problema surge de la seguridad de las personas, ése es el mayor reto, cómo metes entre nosotros a un robot que sea seguro y que sea útil para las personas.

Dime algo que aún no hacen los robots y que podrán hacerlo dentro de poco.

Restauración. Abogados…

¿Abogados?

De hecho, los bufetes ya usan muchos programas. Va a haber una parte muy importante de inteligencia artificial que va a estar en la trastienda de muchos trabajos. La parte del cuerpo, la más visible, es la que más va a tardar en desarrollarse, porque es cara, desarrollar estos robots es muy caro. Pero al final, cuando bajen los precios, todo el mundo va a tener un robot en casa con el que puedas dialogar. Se habla ya de tener una serie de servicios en la nube, que tú te puedas bajar según para lo que quieras usar al robot. Como te decía antes, lo mismo que hacemos ahora con el móvil. Eso hace 10 años era impensable. Ahora mismo los robots se usan para por ejemplo ayudar a personas con autismo, o con discapacidades. Esa función está clara. Pero de ahí van a saltar a todo el mundo. En 20 años.

¿Viste la película ‘Her’?

No me gustó mucho.

A mí me gusta porque plantea que los robots llegan a ser más humanos y cariñosos que los humanos, que se han vuelto tan maniáticos y obsesivos y paranoicos que plantean mil problemas para echar un polvo; y parto de esa película para preguntarte si podremos llegar a hacer el amor con ellos.

Ya Asimov lo planteaba hace más de medio siglo diciendo que un robot es mejor que todos los humanos buenos. Tenemos que ser cautos, y se está trabajando mucho en la ética, en todos los miedos que surgen en torno a la inteligencia artificial. No es el hecho de que se vayan a rebelar y nos vayan a matar, sino de subrayar: vamos a hacer las cosas bien para que se integren en la sociedad de forma ética. Cuando diseñas un robot, tú necesitas saber qué es ético y qué no. Al final, tenemos que hacer un esfuerzo por que toda la ética, la que ya tenemos, la que es buena para nosotros, sea integrada en el proceso de desarrollo de los algoritmos. Y todo eso cada vez esta más presente. Sobre todo tiene que ver con el modelo económico, ahí radica el peligro: cuando al modelo económico le renta saltarse esa parte ética, es cuando surgen los problemas. Tiene que ver con el modelo productivo.

¿Y nos podemos llegar a enamorar de ellos?

A hacer el amor, seguro. Enamorarse ya es un concepto filosófico. Si te puedes llegar a enamorar de una voz… Hombre, si es Scarlett Johansson, como en Her, a lo mejor. Los robots del sexo van a existir, eso está claro, más o menos perfeccionados, con realidad virtual, conectados por redes, todo eso va a existir en 5 o 10 años. Enamorarte ya… Hay una curva muy interesante, conocida como el valle inquietante, que señala que cuando los robots no se parecen a ti te gustan, pero luego, conforme se van pareciendo cada vez más al ser humano, llega un momento, un punto de la curva, en que te producen rechazo. No solo por la apariencia, sino por los movimientos. Un movimiento raro hace que te sientas mal, no lo vas a aceptar.

¿Y ‘Blade Runner’ te gusta?

Mucho. Es mi película favorita de ciencia ficción.

¿Por qué?

Aparte de que me encanta la estética, porque plantea todo esto, plantea qué es la Humanidad, habla sobre lo que significa ser humano. Como Ex Machina, la película de Alex Garland, que también me gusta mucho, porque plantea que, a pesar de que tú sabes que es un robot, sigues pensando que es consciente. La información a priori de saber que no es humano no te despeja todas las dudas sobre su humanidad, sobre su consciencia.

Como ‘Blade Runner’.

Que aborda también la lucha de clases. ¿Cuáles son los derechos de los robots? En Europa es un tema que aún no se toca, pero en Japón ya han empezado. Sus derechos y sus obligaciones. Viene todo por la parte de la responsabilidad. ¿Qué pasa si un robot se equivoca? ¿Quién es el responsable? Parece una tontería hablarlo ahora, pero si no lo hablamos ya, cuando llegue nos va a pillar por sorpresa.

En un reciente artículo de Javier Alberdi en ‘El Asombrario’  se señalaba un estudio que dice que un 47% de los trabajos que se realizan en un país como EE UU de aquí a 20 años los van a desempeñar robots. Habría que regular sus derechos y obligaciones, que pagaran sus impuestos. Y también se apuntaba que gracias a su contribución, los humanos podremos alcanzar la Renta Básica Universal.

Sí; en Japón ya se han planteado desde hace muchos años que los trabajos duros los puedan realizar robots, y así los humanos puedan dedicarse a lo que ellos quieren y a labores más creativas. Es una utopía, pero…

Es también en lo que insiste la ‘cíbor-antropóloga’ Amber Case.

Pero empecemos a mirar a los robots no como los que nos quitan trabajo, sino los que aportan una productividad que nos aporte más bienestar a la población. Eso lo he visto en una película manga de hace 20 años. Es verdad que ya prácticamente todos los trabajos mecánicos los pueden hacer robots, todo lo que tenga que ver con algo automático lo pueden hacer ya; los problemas vienen cuando tienes que relacionar conceptos, o ser creativos. Una silla no es una silla, sino la acción de sentarse. Y cuando algo cambia en el entorno en el que el robot no está entrenado; no son capaces de improvisar, de solucionar; nosotros somos seres imperfectos capaces de adaptarnos a casi todo; los robots son máquinas perfectas incapaces aun de adaptarse. Buscamos la máquina capaz de adaptarse.

¿Todo esto nos va a hacer sentir más solos o menos? Nos podremos dedicar más a las cosas que nos satisfacen, como estar con nuestros seres queridos, enamorarnos, bailar… Pinta bonito, pero…

¿Seremos más felices? No lo sé.

¿Nos harán sentirnos más solos o menos solos?

Hay unas pruebas piloto de robots en hospitales acompañando a enfermos, vigilando que estés bien, y cuando los cambian a otra habitación, los pacientes dicen: oye, que yo quiero mi robot. Pero yo creo que la soledad no tiene tanto que ver con los robots como con el sistema individualista predominante en Occidente.

A medida que me hablas se me ocurren otras cien preguntas, pero vamos a ir terminando… Con la cantidad de perros abandonados que hay, ¿no es más sencillo y barato adoptar uno que comprarte un carísimo perro robot? ¿Y no es más humano aceptar más inmigrantes que desempeñen esos trabajos que no automatizarlo todo, no es más humano repartir el trabajo que haya entre nosotros?

Pues sí, estoy totalmente de acuerdo. Pero creo que debe ser un modelo de desarrollo que haga compatibles todas esas facetas. Es que al final lo excluyente no es la robotización, sino el sistema capitalista occidental. Se trata de ver cómo los metemos en nuestra sociedad, cómo los integramos de una manera ética. Todo ese camino de construcción, que es la parte que más me gusta, es una puerta al conocimiento. Igual que los físicos estudian las estrellas para entender el Universo, nosotros estudiamos los robots para entender cómo es la vida. Ese es un proceso de conocimiento que debe ser la base de preguntas como quién soy yo.

El siguiente paso en ese camino de vuelta del que hablábamos al principio ya serían los cíborg. Mezclar partes robóticas, inteligencia artificial, con seres humanos…

Si mezclas robótica con genética se abre otro mundo. Ya podemos leer a una persona, ver si cree que se ha equivocado o no, ver cuando esa persona cree que algo está mal, o ver cuando quiere ir a derecha o izquierda antes de hacerlo. Eso es muy fácil de leerlo ya. Hay mucho que avanzar; yo creo que el conocimiento del humano va a traer muchas ventajas, pero también muchas complicaciones morales; pueden empezar a crearse ciborg con tratamiento genético que claro que hay que regular ya.

Estoy viendo una sociedad con escalas, desde el robot puro al humano puro. Y trans-robots y trans-humanos.

En cierta medida, eso ya lo hay. Es que nuestro yo está cambiando. Porque antes teníamos un yo muy físico, pero ahora estamos expandiéndonos, tu yo es una mezcla de muchas cosas unidas. Con las redes estamos creando unos yos digitales que hacen cambiar la percepción de nuestro yo. Ya hay investigaciones de cómo afecta la visión de tu cuerpo en la realidad virtual a tu concepción de tu cuerpo real. Por ejemplo para enfermedades como anorexia. Si extrapolamos esto a tu yo, pues la expansión digital hacen que tu propia visión de tu yo se modifique. Cuando te creas personajes, tu forma de pensar sobre ti cambia, tu percepción sobre ti cambia. Y puedes acabar creyéndote el personaje. Hay un experimento sueco en el que hacen que sientas como tuyo el cuerpo de tu amigo, tú te sientes, te ves, en el cuerpo de tu amigo; entonces tú pasas a ser tu amigo. Te acabas creyendo el personaje. En esa línea también estamos investigando cómo podemos hacer que lo que un robot está sintiendo lo sientas tú. Eso crea otro tipo de yos

Lo que te decía, me surgen cien preguntas más. Pero me produce hasta mareo pensar en ese futuro. Dejémoslo aquí, Pablo, y tomemos un café.

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Sobre el autor

Rafa Ruiz
Periodista convencido de que las luces al final del túnel solo se ven desde una perspectiva progresista de la realidad, con un compromiso sólido con la cultura, el arte y el medio ambiente, temas a los que ha dedicado la mayor parte del tiempo de su vida profesional -10 años en 'El País' y 15 años en 'El País Semanal'-. Autor de los libros de cuentos infantiles 'Toletis' y 'Ninoninoni', codirector de la galería madrileña Mad is Mad -centrada en artistas emergentes- y uno de los socios fundadores de la Asociación de Periodistas de Información Ambiental (APIA).

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