Rosa Montero nos invita a perder miedos y buscar ‘la buena suerte’

Rosa Montero nos invita a perder miedos y buscar ‘la buena suerte’

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La escritora Rosa Montero. Foto: Iván Giménez.

Rosa Montero nos invita en su nueva novela a perder los miedos y no guardar silencio, porque en nuestro silencio sobrevive la tortura y el infierno de otros. Todo se puede derrumbar en un instante, pero también podemos buscar nuestra buena suerte y un futuro diferente. ‘La buena suerte’ es una novela de presentes cercanos que se preocupa por el futuro del mundo y que denuncia con un ritmo narrativo incuestionable el abandono, el maltrato animal, el maltrato infantil, la maldad, el abuso, las artimañas del amor romántico, la frustración, la venganza, la precariedad… 

Lo rotundo adquiere formas diversas cuando se sostiene entre las manos de quien conoce la necesidad de ser honesto para neutralizar tanto a demonios como a santurrones dentro de una historia. Rosa Montero lo tiene claro en su nueva novela, La buena suerte, una crónica redonda donde los personajes danzan a través de una senda que acaba siendo camino para quien se sienta a leerla.

Es una novela que reinventa el significado de la palabra vértigo y extingue su longeva y casi siempre maniquea estructura hasta transfigurarla en una elegía transparente en la que sus personajes son remolinos que rechazarán seguir comiendo pasado y que rechazan también soñar con el insustancial sabor con que el destino recubre las inciertas migajas que ofrece.

La buena suerte es una novela de presentes cercanos, certeros, calculados por una imaginación que se preocupa por el futuro del mundo y denuncia con un ritmo narrativo incuestionable el abandono, el maltrato animal, el maltrato infantil, la maldad, la bondad, el abuso, las artimañas del amor romántico, la frustración, el odio, la venganza, la precariedad… Y que denuncia también esa forma de mirar al prójimo que destruye la vida de los señalados y los convierte en sombras, a pesar de ser tan solo adolescentes, como pasa con uno de los personajes claves de esta novela, una muchacha sin nombre, manipulada por las sombras y arropada por el descrédito social que, sin embargo, es la heroína muda de esta aventura escrita a través del delgado territorio que ofrecen los límites, la conciencia más resolutiva de esta narración en la que se narra con una pureza desmedida la maldad de los vencidos.

La buena suerte es una novela deliciosa, dinámica, divertida, profunda y milimétrica, habitada por Pablo, Raluca, Felipe y hasta por perra, pequeña protagonista canina y férrea defensora de un porvenir colectivo que será golpeado noche tras noche sin piedad por las circunstancias hediondas que crea la sociedad y los malnacidos que la teledirigen de esa forma opaca en se dirige la carrera de un mal actor  al que el star system ha decidido convertir en estrella:

“Hay farolas rotas a pedradas y además el alumbrado público es muy pobre: más que repartir luz, las débiles bombillas manchan las sombras”. 

“Todo poseía esa fealdad tan absoluta que casi era equivalente a la ceguera”.

Rosa Montero oprime con sus párrafos las atmósferas –“Es evidente que está muy lejos del vagón, del tren, de esta tarde tórrida que aplasta su polvorienta vulgaridad contra el cristal de la ventanilla”– en las que deben vivir cada uno de sus personajes hasta llevarlas a la concreción más absoluta. Y así es como convierte al rico y triunfador Pablo en un eremita ultramoderno que repone latas en el supermercado de un pueblo olvidado y de nombre telúrico, en el que la maldad escupe con esa fuerza desmedida y anacrónica con que escupe un titán fuera de época. O así es como construye a Raluca, “la véronica” de cuerpo rotundo y generosidad inextinguible que con su manera de libar el veneno que habita en la memoria de  cada ser humano salvará, a fuerza de optimismo y de ansias de supervivencia, al resto de sus contemporáneos. Raluca está herida, pero no sólo en clave metafórica o emocional como el resto de sus vecinos. Raluca está marcada de manera profunda por los amores inconvenientes y por su manera de estar viva, y sin embargo no hay sombra que pueda con ella. Raluca es la luz y por tanto la que aísla la piel y la memoria  de aquellos con los que convive del tenebrismo con que se empeña en hacerlos involucionar la vida mientras dura.

La buena suerte es un viaje inolvidable, un homenaje a Conrad, una larga y peligrosa inmersión en lo cotidiano, en apariencia tan inofensivo, tan aletargado dentro del vientre de esa madre rabisca y manipuladora que es la inercia y que mezcla a sus hijos sin pudor, y sin criterio, hasta convertirlos en monstruos que quieren imitar a Saturno o en mártires sin derecho a réplica.

Para los creyentes esta novela será una de las caras de Dios. Para los ateos será –es– una verdad que arde en la memoria. Una novela con una sincronía narrativa que desmenuza con ahínco y verosimilitud esa porción de vida inesperada que cada ser humano debe vivir. Un mapa emocional con tantas puertas por las que asomarse a observar el declive del mundo y tantas ventanas por las que desear su redención, que resulta imposible dejar de leer.

Rosa Montero acapara toda nuestra atención con su manera de contar el turbio y caprichoso cuerpo del futuro. Con esta maravillosa declaración de intenciones, con esta hermosa ofrenda que es La buena suerte, y que contiene las claves para remontar las trampas cada vez más aberrantes que acechan al mundo. Rosa Montero nos dice frase a frase (y a veces verso a verso, esta es sin duda su novela más lírica) que hay que ser valiente y no guardar silencio, porque en nuestro silencio sobrevive la tortura y el infierno de otros.

‘La buena suerte’. Rosa Montero. Alfaguara. 325 páginas.

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