01.12.2015

Sami Naïr: “El Gran Olvido de la Humanidad es la ecología”

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El filósofo y ensayista Sami Naïr.

El filósofo y ensayista Sami Naïr.

Entramos en campaña electoral y como los temas volverán a ser los cuatro de siempre, conviene recordar algo. Mejor que yo lo contó el politólogo y filósofo francés Sami Naïr (Argelia, 1946) en su participación la semana pasada en Madrid en el XI Congreso Nacional de Periodismo Ambiental, que en esta edición tuvo como título una pregunta muy directa: ‘¿Importa el medio ambiente a nuestros políticos?’. Naïr fue muy claro al responder. Subrayó que ecología no es otra cosa que “una toma de conciencia de lo esencial”. “Por tanto, es inseparable la gestión de lo público, que eso es la política, de la concienciación ambiental”.

Pero aquí seguimos dando vueltas, y no precisamente en torno a la Tierra. Y no lo digo yo. En el congreso de APIA -Asociación de Periodistas de Información Ambiental, integrada por 180 miembros-, salieron a flote muchas lagunas en la relación de los políticos con eso que para Sami Naïr es la esencia: el medioambiente. En la última década en España, las informaciones relacionadas con medioambiente en las campañas electorales y recogidas por la prensa nacional no llegaron al 1%. Así que hemos de considerar como muy acertado el concepto acuñado por Sami Naïr, y eso que se declaró repetidamente como no experto en medioambiente: “El Gran Olvido de la Humanidad”, para referirse a la ecología, a una actitud protectora con el planeta que nos sirve de cobijo. Y es que, destacó, “destrozando la naturaleza estamos destruyendo la pervivencia misma del ser humano sobre el planeta”.

Defendió lo básico del ser humano como ser político, por un lado, y como ser ecológico por otro. Indivisibles. Inseparables. Pero parecemos no darnos cuenta. “La polis de Aristóteles es la ciudad-Estado-comunidad-ser humano, con base en la tierra; de ahí que el ser humano sea un ser fundamentalmente político. Y que el ser humano sea un ser antropo-ecológico”, para llamar la atención sobre su responsabilidad, frente a otras especies, en la pervivencia del planeta tal como lo hemos conocido.

“Pero los grandes partidos incluyen el medio ambiente sólo como un catálogo de medidas en su programa para intentar captar votos, si ven que hay movilización social. De ahí el gran problema, el Gran Olvido, considerar la ecología como parcelas concretas de la existencia humana y no como esencia, elemento fundamental de la vida humana”. Para Sami Naïr, experto en movimientos migratorios, ese cambio implica “una revolución mental tan importante como las que se produjeron para llegar a la igualdad de género y a la legitimidad de la diversidad humana, racial; algo que hace sólo 50 años no estaba tan claro”. Destacó que en el siglo XIX era completamente legítimo considerar la inferioridad de la mujer y de la raza negra. Naïr piensa que en ecología se necesita otro tanto. “De la misma manera que en el siglo XVIII se pasó de una ideología basada en las creencias a otra basada en la razón, ahora necesitamos esa revolución ecológica, pasar a considerar al ser humano como expresión de la naturaleza, y no como dueño de la naturaleza; ese cambio radical mental aún está pendiente; y en ese sentido los periodistas de medio ambiente tenéis mucho trabajo y valor. Hay un problema añadido: la urgencia. Porque es nuestra propia naturaleza, nuestra propia supervivencia, lo que está en peligro”.

En un sentido parecido recogíamos recientemente en El Asombrario un artículo del economista ambiental Antxon Olabe, que también participó en el congreso de APIA, que señalaba que el cambio climático será el gran desafío del siglo XXI, y necesitará de una revolución social y de pensamiento similar a la que se llevó a cabo para reivindicar los derechos de igualdad de la mujer

Las conferencias inaugurales de los congresos de APIA van camino de convertirse en hitos de argumentación ambiental. En el X Congreso, celebrado hace dos años, la experta en educación ambiental María Novo dio otra clase magistral, que también recogimos en esta Ventana Verde, que va camino de convertirse en imprescindible en cultura ecológica, aunque esté mal que yo lo diga (pero es que si uno no se lo cree, vamos mal…).

El filósofo francés elaboró una conferencia que cualquier organización ecologista podría ratificar sin problema: “La globalización liberal sólo, sólo tiene un objetivo: el beneficio, la transformación de la naturaleza en capital, y no su concepción como la tierra común. Considera la naturaleza solamente como una mercancía. Han mercantilizado hasta el derecho a contaminar”. “Estamos viviendo una etapa histórica de globalización liberal, donde hay dos grandes enemigos. Por un lado, las multinacionales, grandes responsables del desastre ecológico. Y por otro lado, nuestros hábitos y costumbres. Nosotros somos nuestros propios enemigos, con nuestra enorme demanda de consumo sobre el planeta. Y aquí se producen grandes paradojas, que necesitarán de grandes análisis históricos, como que China, país comunista, haya venido a rescatar el capitalismo de su gran crisis de 2008. El sobreconsumo a crédito está destrozando el planeta”.

Pero Sami Naïr no sólo se quedó en la crítica; aportó su visión también en forma de propuestas. Básicamente dos grandes propuestas: “Necesitamos un Consejo de Seguridad Mundial de Medio Ambiente, que elabore un Derecho Ambiental Mundial; los suecos comenzaron a pedirlo ya hace 40 años. Y necesitamos una gran revolución educativa, en la línea de mi amigo (el filósofo y sociólogo) Edgar Morin de Tierra/patria. Es necesaria una educación antropo-ecológica”. Y en la línea también, con muchos puntos de convergencia, de lo que en España reclamaba el economista, escritor y pensador José Luis Sampedro.

Además, el filósofo francés destacó algo que a muchos les puede sorprender: “Los países que están apostando por la ecología como eje de la educación no son los más desarrollados, ni los europeos, en contra de lo que pudiera pensarse, sino algunos latinoamericanos, como Ecuador, Perú y Colombia”, país este último al que considera “el más comprometido” ahora mismo en construir ese “nuevo ser humano ecológico”.

Volviendo a enlazar con el título del congreso de Periodismo Ambiental, Sami Naïr subrayó para terminar: “Lo importante no son los políticos, sino los ciudadanos, la conciencia ciudadana”. Fundamental no olvidar esto de cara a la que se nos avecina este mes de campaña electoral, hasta el 20D. A partir de ahí, de esa conciencia ciudadana, a los políticos no les quedará más remedio que asumir esa revolución mental.

Feliz mes recién estrenado de postureo político, sobreconsumo y… Papá Noël.

SIGNUS,logosignus COMPROMETIDA CON EL MEDIO AMBIENTE, HACE SOSTENIBLE ‘EL ASOMBRARIO’.

 

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Sobre el autor

Rafa Ruiz
Periodista convencido de que las luces al final del túnel solo se ven desde una perspectiva progresista de la realidad, con un compromiso sólido con la cultura, el arte y el medio ambiente, temas a los que ha dedicado la mayor parte del tiempo de su vida profesional -10 años en 'El País' y 15 años en 'El País Semanal'-. Autor de los libros de cuentos infantiles 'Toletis' y 'Ninoninoni', codirector de la galería madrileña Mad is Mad -centrada en artistas emergentes- y uno de los socios fundadores de la Asociación de Periodistas de Información Ambiental (APIA).

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Un comentario

  • El 02.12.2015 , Phoracantha ha comentado:

    El gran olvido de la humanidad es la conservación. La ecología es la ciencia que estudia los ecosistemas, nada más. El problema es de gestión, de cuales son las prioridades para los pasados y actuales gestores, y cuales deberían ser. Si la conservación de los ecosistemas no pasa a ser una prioridad de primer orden, por encima de su explotación, la humanidad está sentando las bases de su autodestrucción.
    ¿Qué cifra de población humana, y con qué estilo de vida, son capaces de soportar los ecosistemas de cada región biogeográfica, sin comprometer su viabilidad y funcionalidad? Esa es la gran pregunta. Parece evidente que un bosque templado no podrá soportar la misma presión que la taiga, o que una selva tropical, o una sabana, o una estepa, o un humedal.
    En cualquier caso, parece evidente que una especie situada en la parte alta de la cadena trófica como es la nuestra (parte de la cadena en la que las especies nunca son abundantes) no puede proliferar hasta tener 7 mil millones de habitantes (y subiendo) sin que lo que esto implica tenga tarde o temprano consecuencias contundentes. El control de la natalidad global resulta con estas cifras de una urgencia dramática.
    Y es evidente también que es necesario crear una red global de espacios protegidos libres de toda injerencia humana, donde la evolución de la vida pueda seguir su curso.

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