02.02.2014

Soledad Vélez, adictiva como la cafeína

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La canción sonó en el programa ‘Carne Cruda 2.0’ poco más de un minuto, pero sentí un verdadero escalofrío. ¡Quién diablos es esta tal Soledad Vélez y de dónde ha salido! De inmediato me puse manos a la obra y encontré una página en bandcamp en la que se podía escuchar el disco íntegro. Ya no recuerdo si lo compré antes o después de escucharlo (de hecho compré sus dos elepés), pero solo por ese minuto lo hubiera pagado. Uno no debería dejar escapar en su vida cosas que le hagan sentir vivo y saltar de la silla como lo hace la música de esta chilena afincada en Valencia. En marzo viajará a Estados Unidos para presentar su proyecto en el festival South by Southwest, en Austin (Texas). Antes seguirá de gira por España con Run with wolves, un disco adictivo como la cafeína que reviste con un folk-rock terroso una voz única que apunta directo a las entrañas. Esta entrevista fue producto de un flechazo.

Confesión: desde que escuché los primeros segundos de una canción tuya quedé absolutamente prendado de tu voz. A esa voz, por supuesto, le acompaña una estética. ¿La voz induce la estética o la estética saca de ti esa voz?

Es como si fuesen por dos vías distintas. Nunca he sido realmente consciente de cómo canto, de cómo lo hago. Cuando canto agarro todo el oxígeno que está a mi alcance y lo tiro como puedo. Pero a la vez hay un tipo de música, una clase de música, que me gusta y yo quiero escucharla sonar y quiero tocarla. Y la cuestión es que las dos funcionan muy bien juntas. No sé, creo que nunca he considerado hacer cierto tipo de música para mi voz.

Acabas de decir algo que seguramente muchos profesores de canto dirían que no hay que hacer: agarrar todo el oxígeno y sacarlo como puedas. ¿Has recibido algún tipo de clases? ¿Formación vocal?

De donde más aprendí fue de escuchar a Billie Holiday y a Ella Fitzgerald. Las escuché durante muchísimo tiempo y las intentaba imitar porque yo quería cantar como ellas, especialmente como Billie Holiday. Más que por la voz desgastada que tenía era porque transmitía de una forma muy bestia y eso es lo que yo quería hacer. Quería cantar más allá de las palabras, que tú sintieras lo que yo estaba sintiendo. En el colegio estaba el típico coro de niños con su profesor, pero eso no trascendió en absoluto. Mi padre sí que recibió clases de canto de pequeñito y me dio algunos consejos, pero nada más.

He estado leyendo algunas entrevistas que te han hecho, comentarios sobre tu música. Veo que aparecen las habituales comparativas con otras cantantes, incluso te adjudican influencias de artistas que dices apenas haber escuchado (lo cual tiene su punto irónico). Hagámoslo pues a la inversa. ¿Reconoces en tu voz y en tu música evocaciones de otros músicos? También puede que las haya aunque sea de forma inconsciente.

No sé. Yo creo que no. Consumo muchísima música y me dejo influenciar por todo lo que oigo, ya sean bandas de hoy o de 50 años atrás, no me importa. Me dejo influenciar de forma muy fácil porque hay músicos que hacen cosas geniales y me siento identificada con muchas de ellas. Pero es curioso porque cuando haces eso tuyo dejas de ser consciente de que alguna vez fue de alguien y lo llevas mucho más hacia ti, hacia tu terreno, y lo modificas y cambia. De repente cada vez se parece menos a aquello de donde habías sacado la idea original. No puedo decir que yo me recuerde a alguien o que evoque a algún artista, simplemente tengo el sentimiento de felicidad por haber conseguido escuchar lo que escuchaba en mi cabeza.

¿Por qué hay tanta obsesión –se ve a menudo en las entrevistas- por tratar de asimilar la música de un grupo, la voz de un solista, a la de otros grupos? Parece que fuera una guía imprescindible para entender la música, y a veces nos despista de la propia música en sí.

Eso es cierto. Al principio me molestaba un poco pero luego con el tiempo lo comprendí. Es quizá la mejor forma que hay hoy en día para, de forma escrita, describirle a alguien un músico que te gusta, que has descubierto, para indicar por dónde va. Conmigo fallan a veces un poco, pero no me importa. (Risas)

Depende sobre todo de cuál sea la comparación.

¡Por supuesto! He llegado a oír cosas muy extrañas como que quiero imitar a Shakira o que intento copiarle a Devendra Banhart. Me lo tomo con humor, es muy gracioso.

La música de otros va configurando también el propio universo musical. Lo que es personal e intransferible es la propia experiencia. En tu historia hay un viaje de Chile a España, un agrio distanciamiento personal de tu familia para poder ser quien tú querías ser. ¿Puedes contarme las líneas básicas de esa historia?

En pocas palabras… He tenido que madurar muy rápido en mi vida. A todos nos pasan cosas y vivimos cosas, pero yo tuve que madurar muy rápido y hacerme cargo de muchas cosas. Llegó un punto en el que no pude más porque sabía que me limitaba lo que yo quería hacer, a lo que realmente quería dedicarme. Fue el momento más duro de toda mi vida porque fue doloroso a la par que inconsciente, con toda la alegría y toda la ilusión que me hacía dedicarme a la música, que era lo que quería hacer de verdad.

Venir a España y hacerme música aquí fue muy bestia a nivel emocional. La decisión fue muy tajante, gigante, tenía que dejar atrás muchas cosas y olvidarme de ellas sí o sí, porque lejos no hay muchas cosas que puedas hacer. Me vine y empecé poco a poco desde abajo, desde los bares más cutres que puedan existir –con todo el respeto que se merecen-. Esto me dejó, y creo que me dejará para siempre, una secuela muy significativa. A medida que pasa el tiempo surgen más cosas que a veces me hacen sentir culpable o responsable de muchas cosas que están pasando hoy en día en mi vida privada por esa decisión que tomé. Pero viéndolo desde la parte positiva, es lo que muchas veces me da fuerza para que nadie se imponga en mi música o nadie intente dejarme de lado porque sea mujer y joven. Me planto y digo: “Tío, no me vine de Chile como para que tú ahora vengas y me digas lo que tengo que hacer. ¡Vete por ahí!”.

A pesar de las trece horas de distancia en avión se demuestra que la distancia no es el olvido, que al final siempre esa distancia se acorta en forma de pensamientos, de sentimientos, incluso de arrepentimientos.

No sé si es tan así. Yo creo que el olvido es algo que no queremos y sucede. Siempre temo y mi miedo es ir olvidándome poco a poco de mis hermanos o de mi familia. Eso pasa. A veces menciono sus nombres y como no lo hacía desde hace mogollón de meses es como que no existieran o te los hubieras creado en tu cabeza y nadie más los conociera. Lo bueno de esto es que yo sí que lo mantengo vivo. Por ejemplo, en este último disco, Run with wolves, me he traído muchos recuerdos que me hacían sentir muy triste y los he transformado en canciones. Esos recuerdos han estado constantemente ahí en los conciertos, lo que me ha ayudado a superar ciertas cosas a nivel personal.

De hecho en este disco hay un tema en el que insistes en la letra: ‘I’m from South America’. Me suena más a proceso de comprensión personal que a una afirmación frente a los demás. ¿Cómo lo interpretas?

Eso fue porque en el disco anterior no hice ninguna referencia a Latinoamérica ni la gente escuchándome se creía que yo fuese de allí -siempre me situaban en otros países en los que yo no había estado nunca-. Hicimos gira por España, Portugal y Latinoamérica y sentí que era algo vital, súper importante, que mi música dejara entrever de dónde yo venía, dejar en ella algo de mi identidad. Es decir que, al oír mi música, la gente al menos diga: “Ostras, es que esta chica es de allá” o “algunos de estos ritmos son latinos”. Tenía esa necesidad, plasmar un poco de mi identidad en la música con este viaje a Chile. Por eso esa canción, por dejar rastro de dónde vengo en la música que hago.

Por cierto, un inciso en lo meramente personal y en lo musical. Estuve en Santiago hace un par de años. Al poco de llegar, un amigo me llevó a un centro comercial y allí vi a una familia aparentemente humilde comprándole a un hijo un helicóptero teledirigido con tarjeta de crédito. Me aseguraron que uno de los divertimentos cada vez más asentados era ir el fin de semana al centro comercial. Cuando hablan del crecimiento económico de Chile me temo que obvian conscientemente que el método es el mismo que aquí nos ha llevado adonde estamos. No sé si tienes experiencia como para poder percibir eso en Chile.

La verdad es que me fui hace seis años y hay muchas cosas que no puedo apreciar ni ver ahora mismo, pero creo que tampoco es algo nuevo ver que la gente se engañe a sí misma en muchos aspectos. Son como los falsos ricos. No tienes un duro para llegar a fin de mes pero vas a coger la tarjeta y te vas a sentir poderoso cuando vas a comprar algo. Y te vas a endeudar y a endeudar, porque si no lo ves no lo sientes. Es un poco así. Es algo que ha existido siempre y que he visto en todas partes del mundo. Es cierto que ahora ven a Chile como un país emergente que se está desarrollando muchísimo, pero yo siempre tiendo a explicar que la razón es porque tienen muchos recursos naturales que se están explotando y exportando hace ya años que le da un poco de riqueza al país. El problema es la situación en la educación y en la salud, que es algo completamente deprimente. O que en el sector de la pesca los dueños sean realmente empresas privadas en las que no sé si incluso estaba el anterior presidente. Porque (Sebastián) Piñera, además de ser presidente, tenía sus empresas y sus cositas por allí. Es cierto que eso tiene que cambiar en el país, porque la riqueza y la pobreza son demasiado evidentes, se ven muchísimo. ¿Y la conciencia y la mentalidad que tiene la gente en Chile? ¿En los pueblos? A nivel educacional es una cosa súper bestia con la que me he topado algunas veces. No veían como una opción educarse sino que era un privilegio, como si te quisieras comprar una camiseta muy cara.

De hecho ha habido una lucha por parte de movimientos estudiantiles por la gratuidad de la enseñanza universitaria.

Sí.

Pero queda mucho por hacer. Igual con helicópteros teledirigidos se llega antes.

(Risas) A mí eso me parece ridículo. De hecho hace poco hubo una película chilena que se llama No, no sé si la habrás visto.

Sí, la vi.

Ahí creo que lo reflejaba un poco. Que la gente no quiere cambios bruscos, prefiere estar cómoda en su casa, que no le vayan a robar, tener su sueldo mínimo de mierda pero tenerlo. Es muy curioso porque la derecha se impone de una forma brutal, le hacen creer a la gente que ellos también son de derechas cuando realmente no poseen nada y no tienen nada que proteger, porque son pobres. Y no tienen ningún futuro que labrar porque no tienen dinero para hacerlo. Es un poco eso, la gente vive constantemente engañada. En Chile ves de verdad pobres pobres. No es como aquí en España en absoluto, allí la gente pobre es realmente pobre de una forma vergonzante, se engañan a sí mismos.

Sin embargo, hay contradicciones si lo comparo con España porque estuve en el museo que reflejaba la dictadura de Pinochet y el proceso de referéndum que llevó a su final. Me resulta casi inconcebible encontrar en España un museo de esas características respecto a nuestro propio pasado.

A mí me parece genial que nunca olvidemos la historia, porque hace que esté latente y no se olvide. Eso es genial, que haya museos que lo expliquen. Pero eso debería reflejarse también en la educación nacional y en la salud de la gente del país. Y eso no se refleja, no sé qué se está haciendo. Reconocemos lo que ha pasado, que “era un cabrón, mucha gente ha muerto”, pero luego decimos que “hemos mejorado mucho”. Me parece perfecto, pero eso también debería tener reflejo en la lucha que hay ahora en Chile, que es con la educación y la salud.

Sin ser necesariamente siempre tan drástico como pudo ser en tu caso, resulta común ese choque entre lo que los padres desean y lo que los hijos quieren, especialmente si nos referimos al mundo de la música o del arte en general. Eso ha pasado siempre y supongo que pasará, máxime ahora en que todo lo que no sea utilitario y pragmático, puramente productivo, parece fuera del sistema. Parece que el artista esté abocado a ser una especie de antisistema.

Como no hay mucha salida, como no vas a encontrar un trabajo fijo en el que te vayan a pagar todos los meses… Yo no soy madre todavía, pero muchas veces he intentado ponerme en el lugar de mi padre y en cierta forma lo comprendes, porque dedicarte a ser músico o artista es algo muy inestable y tú lo que quieres para tu hijo es estabilidad, que esté bien, que esté sano, que no le falte nada. En ese aspecto yo lo comprendía bastante bien. Pero es cierto que hoy en día en muchas partes del mundo ser artista significa que te vayas a estampar muchas veces contra un muro gigante y que te arrepientas de todo lo que hayas hecho. Lo importante y lo bonito es que aún hay personas, y me incluyo entre ellas, que sí que creen en sí mismas y van a continuar y van a continuar, porque es lo que realmente las hace felices. Y se mueven por eso, porque hay algo que les motiva. Eso es lo más bonito en esta vida: hacer lo que realmente quieres hacer aunque los demás crean que te vas a estampar o que eres el mejor del mundo, es igual. Mientras creas que eso te va a hacer sentir vivo… Eso es lo que me mueve a mí, yo siempre vivo con este miedo horrible a morirme y lo digo siempre, porque es la forma más sencilla de explicarlo: creo que nos vamos a morir en cualquier momento y que no lo sabemos. Me pueden atropellar, hay muertes estúpidas, te puede pasar cualquier cosa. Yo no me quiero morir arrepentida, sin haber hecho lo que yo quería hacer. Y ahora mismo siento que estoy viviendo, que lo estoy haciendo. Siento que he cogido las riendas de mi vida y lo estoy haciendo y me hace sentir sumamente viva, me hace sentir muy bien.

O sea que “Yes, we can!”…

(Risas) Yes, of course! Yes, we can.

¿Llevas muchos moratones? ¿Muchos muros con los que te hayas golpeado aunque ahora hayan caído, siquiera parcialmente?

La verdad es que no tantos. Hay músicos que cometen el error de intentar comerse el mundo de una. Mi método de trabajo es lento pero estable. Vamos trabajando muy poco a poco. Tengo gente que confía en mí y trabaja conmigo. Ir poco a poco y ser paciente son algunas de las claves en la música. Quizá hay un 1% que a la primera consigue un boom musical y puede vivir de esto, pero hay otro camino también que no es menos… que incluso es más, porque aprendes muchísimo, vas poco a poco y construyes tu propio camino con trabajo.

Además de las cuestiones estéticas, de las que ahora hablaremos, hay una diferencia entre el disco anterior, ‘Wild fishing’, y el último, ‘Run with wolves’. El anterior iba en su cajita de plástico, con libreto, con funda incluso. El último es un cartoncillo. Vaya, la música evoluciona, el formato encoge.

No, eso lo hemos hecho porque con el disco anterior cogimos el formato de CD e hicimos también el vinilo. Nos fuimos de gira y nos dimos cuenta de que solo vendíamos el vinilo, no el CD. Lo que nos hemos planteado con este otro es hacer un CD en formato sencillo, que se pueda mandar de forma más barata que el anterior, y centrarnos en el vinilo.

¿Qué tal te llevas con los formatos digitales y con cómo se está ahora –aunque no me guste la expresión- consumiendo la música?

Yo no soy muy tiquismiquis con eso. Que la gente escuche de la forma que pueda, lo importante es escuchar. El hecho de que se pueda escuchar ahora la música por Internet, con todas las plataformas y medios que hay, me parece fantástico, es genial. Creo que el apoyo al músico se lo das no tanto escuchando su música en formato físico o en formato digital en el ordenador, sino yendo al concierto y estando presente. Por cómo lo escuche, el medio por el que lo escuche… Yo creo que los avances son siempre buenos.

Siempre y cuando te den a ti también un beneficio, que te paguen por ello.

¡No! De hecho te digo una cosa. Si se puede escuchar la música gratuitamente por Internet eso hace que llegue a muchísimas más personas. El resultado viene de eso y de un trabajo detrás de promoción. Son muchas cosas que se complementan así mismas para que esto funcione. Yo ahora mismo solo me dedico a la música y de lo que más vivo es de los conciertos.

Parece que hay consenso en que el último disco es más oscuro en su sonoridad que el anterior. En ambos trabajos Jesús de Santos figura como productor, es uno de los músicos de la banda que te acompaña. ¿Hay una decisión consciente de buscar otro sonido de grupo? ¿Cómo habéis trabajado al respecto?

Esa ha sido cuestión mía. Jesús es coproductor, yo también lo produje. Siempre ha sido cuestión mía. Cuando terminamos el último disco y nos fuimos de gira empecé a escuchar cosas nuevas. Se me metió en la cabeza el sonido del sinte. Fue como si me dieran una bofetada y me dolió muchísimo. Fue como: “¡Ostras! Esto tiene que funcionar muy bien con las nuevas ideas y con las nuevas canciones que tengo en mente”. Me hice con un sinte, empecé a componer con él, luego eso con ritmos… En muchas canciones el ritmo de la batería es muy básico, no tiene grandes cosas. Y luego de eso fue meter muchos más efectos en la voz, los arreglos de guitarra de Jesús… Le dije más o menos cómo los quería y hablé también con el batería y, de repente, todo empezó a tomar forma de una manera bastante natural. Era como unir cosas que no sabía si iban a resultar bien. En How to disappear estoy tocando un charango, también el sinte, con Luis (Torregrosa) en la batería, los arreglos de guitarra de Jesús… Juntar todo eso fue arriesgar: “¿Esto va a pegar realmente? ¿Va a funcionar?”. Y cuando empiezas a tocar y ves que funciona, te pones a reír como un loco porque está funcionando de verdad. ¡Es como la alegría absoluta! (Ríe) Y eso más o menos pasó también con Milky way o Silver wolf.

Uno lee un libro y puede confundir lo que en él se narra  y se dice con quien de veras es su autor. Con la música podría pasar lo mismo, que se confundan las letras con la personalidad y la intimidad de su autor. ¿Se puede llegar a conocer a Soledad Vélez por sus letras?

Yo creo que es muy poco probable. Yo no cuento historias en las canciones, lo que hago es unir palabras y frases que giran alrededor de una historia que he vivido. Mi intención es no contar nunca mi historia, no hacerlo, sino hacer una canción y que se pueda transformar para cada uno, para que cada uno le dé su propio significado. Como yo sé cuál es el significado cuando la canto, cuando la toco, disfruto. Hay gente que me ha escrito: “Me ha pasado esto y esta canción…”. Vamos, algo absolutamente distinto a lo que yo había pensado. Es brutal, me encanta que la hagas tan tuya.

Qué bonito interferir así en la vida de los demás, ¿verdad?

¡Sí! ¡¡Es precioso!! Me hace muy feliz. Es como muy extraño, es muy raro.

‘Black light in the forest’ fue un EP. ‘Wild fishing’ tu LP anterior. Ahora ‘Running with wolves’. A ver si vas a terminar como el protagonista de ‘Hacia rutas salvajes’.

(Carcajada) Sí, es algo inconsciente que todos los títulos tengan que ver esto. El próximo también tiene mucho que ver, tanto el contenido como el nombre del disco. Solo que va a ser un pelín más bestia.

No sé si quieres adelantarlo o prefieres guardarlo en secreto de momento.

En el secreto de que va a ser más bestia. No sé cómo se lo va a tomar la gente. A mí me da igual, yo soy feliz.

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Sobre el autor

Carlos Pérez Cruz
Carlos Pérez Cruz, músico y periodista. Desde 2001 dirige el programa ‘Club de Jazz’, dedicado al jazz y músicas improvisadas. Colabora con el programa ‘Carne Cruda’ de Javier Gallego (antes en RNE3 y la Cadena SER), donde dirige la sección 'Bienvenidos al club'; con Radio Vitoria (EiTB) y la revista ‘Cuadernos de Jazz’. Desde 2012 mantiene el blog/podcast ‘Todos los caminos están cerrados’, dedicado a los Territorios Ocupados de Palestina.

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Un comentario

  • El 03.02.2014 , mariano ha comentado:

    realmente se parece mucho a la pj harvey de los 90, sin embargo es de lo mas fresco que he escuchado en años

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