02.03.2020

Las sombras de las adopciones internacionales, contadas en dibujos  

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Ilustración de Lisa Wool-Rim Sjöblom.

La ilustradora Lisa Wool-Rim Sjöblom representa en ‘Palimpsesto’ su experiencia, sus dudas y la poca transparencia que a menudo existe en torno a procesos de adopción internacional.

Pasar desapercibida siendo una niña de origen coreano en Suecia no debe de ser fácil. Más cuando son los años 70 y las adopciones internacionales, así como la inmigración, apenas habían llegado a las grandes ciudades. Por esos sus rasgos le recuerdan a Lisa cada día que es y no es de su ciudad. Ese sentimiento de pertenecer y no pertenecer, de conocer su identidad aunque no del todo, le persigue durante toda su infancia de forma sofocante.

Es cuando va a nacer su primer hijo cuando esa angustia acumulada surge en forma de preguntas. Primero médicas, pero luego sobre quiénes serían sus padres, sobre la decisión de darla en adopción y, con indignación, cuando descubre que el proceso de darle una nueva familia a miles de kilómetros de su país de origen no se ha hecho con toda la transparencia que cabría esperar. De hecho, hoy día, cada vez son más los países que bloquean esta forma de adopciones ya que no pueden garantizar que se respeten los derechos humanos de todos los implicados. Hablamos desde Nueva Zelanda con Lisa Wool-Rim Sjöblom, autora de Palimpsesto (Bárbara Fiore Editora) y activista por los derechos de las personas adoptadas.

Fuiste adoptada en 1979. ¿Crees que el proceso de adopción internacional es más transparente ahora que antes? ¿Resulta más fácil para los niños conocer su origen?

No necesariamente. Depende un poco de dónde se lleva a cabo la adopción y qué agencias están involucradas. Muchos de los países emisores todavía tienen un gran problema con la corrupción, la trata de niños y otros problemas de derechos humanos, y muchos de los países receptores aceptan niños cuya procedencia puede ser turbia o completamente desconocida. Incluso la autoridad de adopción sueca admite que es imposible garantizar que una adopción sea completamente ética. Muchos países han cerrado sus programas de adopciones internacionales debido a la corrupción y al hecho de que demasiadas adopciones resultaron poco éticas debido a la gran demanda de posibles adoptantes en Occidente.

En el libro explicas que, cuando la persona adoptada trata de conocer sus raíces, la sociedad cuestiona esta decisión. Ponen por delante muchas veces los sentimientos de los padres adoptivos o la integración dentro del país de recepción, por ejemplo. ¿Qué hubieras necesitado en ese momento para sentirte respaldada en tu decisión?

Muchas cosas. Desearía no haber tenido contacto con entidades privadas que están protegiendo cuidadosamente sus intereses en la adopción. Hubiera necesitado un organismo u organización con credibilidad y financiación pública para apoyar a los que defendemos el derecho de los adoptados para saber de dónde venimos. No deberíamos tener que llevar a cabo todo el trabajo nosotros mismos, ya que eso requiere que cada adoptado sea un experto. También deseo que se les ofrezca apoyo emocional y psicológico a los adoptados para hacer frente al proceso en general y a todos los demás problemas que puedan surgir de haber experimentado separaciones tempranas, pérdida y dolor. Por último, hubiera agradecido mucho que hubiese un apoyo especial para las búsquedas de raíz, ya que pueden ser realmente duras.

Mencionas el patriarcado varias veces. ¿Crees que en una sociedad igualitaria las adopciones nacionales e internacionales serían diferentes?

Absolutamente. En un mundo más igualitario, las mujeres solteras no serían castigadas por quedar embarazadas, habría más apoyo para las familias y los niños en general y habría más recursos para ayudar a las familias vulnerables. En ciertas culturas, la adopción se utiliza como una solución rápida a problemas no deseados en los que las mujeres solteras son obligadas a renunciar a sus hijos, ya que se las considera no aptas para ser madres debido a su estado civil. Además, creo que en una sociedad más igualitaria, la salud reproductiva, el acceso al aborto y los anticonceptivos, la planificación familiar y el bienestar infantil serían más accesibles y priorizados.

¿Y qué hay del capitalismo? ¿Es importante el dinero en el sistema de adopción, con tantos intermediarios y las agencias de adopción?

La parte del sistema de adopción que es más industrial es definitivamente construida sobre el capitalismo. Si no hubiera gente ganando dinero con eso, las adopciones no se llevarían a cabo a escala industrial como lo son hoy. La gran demanda de personas ricas, en particular en Occidente, que están dispuestas a gastar miles de dólares en la adopción de un niño, está creando incentivos para crear huérfanos y comprar hijos de padres vulnerables, ya que el número de niños legalmente adoptables es menor que la demand

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Sobre el autor

Laura L. Ruiz
"Periodista, mujer y vegana, no necesariamente en este orden. Buscando temas y lugares que otros prefieren que no sean visibles"

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