22.01.2015

‘Te querré siempre’, pero lo nuestro se ha acabado

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Fotograma de la película 'Te querré siempre'.

Fotograma de la película ‘Te querré siempre’.

Un entorno plenamente conectado con la realidad como es Nápoles lleva a un matrimonio inglés a enfrentarse a su vida, llena de silencios, postureos y encorsetamientos, a una convivencia que se compone de compartir soledades. La pareja se ve de repente desnuda ante la verdad. Con una innovadora narración que creó escuela en el cine, Roberto Rossellini nos muestra en ‘Te querré siempre’ (‘Viaggio in Italia’, 1954) el desmoronamiento de una relación al salir de su insípida rutina.

“No siempre florecen las violetas y los lirios abiertos, y en el tallo en que se irguió́ la rosa quedan las punzantes espinas… El amante tropieza en su camino más tedios que satisfacciones, y ha de preparar el ánimo a rudas pruebas”. (Ars Amandi, Publio Ovidio Nasón).

Hace ya más de 2.000 años, el poeta latino ofrecía en su obra El arte de amar ilustrativas pinceladas de la aventura y los obstáculos que conlleva el acto de convivir amando. En 1954, Roberto Rossellini se acercó a ese tipo de relación elevada en la mente del ser humano a la categoría de máximo modelo, la relación matrimonial. Te Querré Siempre (otra genialidad de título en español capaz de hundir una película), originariamente en italiano Viaggio in Italia, ha sido seguramente el largometraje más polémico del director italiano, vilipendiado y adorado en igual de ocasiones y que nunca, al menos hasta hoy en día, se ha precipitado hacia la indiferencia. Ustedes mismos podrán comprobarlo si deciden, libremente, aproximarse a este filme que les propone El Asombrario esta semana en Un Viernes de Cine.

La historia es muy sencilla, tanto como la exposición que de ella hace Rossellini en la pantalla, hablaremos de ello.

Los Joyce, un matrimonio inglés -Alex (George Sanders) y Katherine (Ingrid Bergman)-, viajan a Italia para vender una villa que han heredado cerca de Nápoles. Lejos de la monotonía de su ambiente, la pareja comenzará a experimentar una crisis que parece escondida tras la desidia formal que mantiene su relación. Los celos, el resentimiento y la incomprensión mutua aflorarán bajo el paisaje italiano, en el cual cada uno intentará encontrar respuestas a su relación abocada al fracaso. Nápoles, su cultura, su gente y sus costumbres, les harán descubrir su verdadero estado. Una excursión a Pompeya, donde asisten al descubrimiento de unos cuerpos enterrados entre las cenizas y una procesión religiosa, pondrá al límite el amor y la continuidad de la pareja.

Cómo abordar lo exquisito de esta obra del gran cineasta italiano si precisamente la exquisitez de su historia la compone la falta de sofisticación, la huida pretendida de cualquier manierismo e incluso de cualquier intervención formal, estética o de juicio, que no sea la mera información sin posturas, ya no extremas, sino siquiera pretendidamente requeridas.

Es precisamente esa falta lo que la convierte en diferente, en revolucionaria, en adelantada, en simiente de un cine nuevo, de un género, que se mirará en ella y desde ella durante décadas. Así lo expresaron los realizadores adscritos a la Nouvelle Vague como Truffaut, Rohmer, Godard o el propio Ribette, que, con exagerada pedantería, subrayó: “Te querré siempre es la película que más y mejor enseña lo que es el cine”, o que veremos más tarde en cineastas como Antonioni.

Rossellini aborda el filme a través de miradas hacia afuera, de la percepción de lo inmediato. A partir de la emoción del instante para comprobar la frustración, la falta de comunicación, la desidia, la angustia de esconder los deseos y los anhelos, de ocultar tras la formalidad los errores, el aburrimiento, no sólo del otro sino de uno mismo; en fin, a la soledad a la que precipitan sin piedad los silencios, los arquetipos, las normas.

Normas que intuimos fueron agente de felicidad para este matrimonio británico en el pasado, pero que la rutina, como un lento goteo, ha ido socavando la dicha hasta convertirla en desidia amorosa, en apatía por el otro y por la vida misma.

Será el entorno, sin esperarlo, lo que hará al matrimonio atravesar por los pensamientos y sentimientos aparentemente consumidos o escondidos, por los celos y los reproches, los recuerdos y las necesidades de cambio. Enfrentarse al fin a las decepciones, y con ellas al tedio y al olvido, a las soledades compartidas.

Un paisaje distinto, una luz diferente, espacios y personajes nuevos que les colocan camino a un terreno desacorde. “Templo del espíritu, ya no hay cuerpos, sino puras y ascéticas imágenes, ante las cuales el pensamiento parece grave, opaco, pesado”, recordará la esposa en unos versos del antiguo pretendiente.

En este caso, la región de Nápoles, ese entorno tan distinto a los formalismos británicos, fuera de encorsetamientos, es el universo desconocido, que fuera del insulso pero acomodaticio hogar matrimonial se convertirá en la mecha que habrán de encender los esposos irremediablemente empujados hacia la realidad. Un entorno cuyas ruinas son la historia viva de la civilización, de niños en la calle y mujeres embarazadas, de tumbas y mausoleos, de seres que conviven abiertamente con la vida y con la muerte y su “impúdica” muestra de sentimientos y deseos, de su pereza y sus batallas, incluso de sus canciones. Es ese entorno al que enfrenta Rossellini a sus personajes, inmejorablemente interpretados, y a los que lanza libremente para que encuentren, cada uno por su lado, la verdad o la mentira de su relación.

Y es ahí donde Rossellini aporta su mayor contribución a la vanguardia cinematográfica, utilizando primero el contraplano, es decir lo que miran y observan los personajes, frente al plano, lo que el personaje piensa o padece, siendo aquél el motor principal, el que conduce a los protagonistas a experimentar aquello que en su interior sucederá. Así, es el entorno el que guía los sentimientos; sin él quizás estos no acontecerían.

Ya desde la primera secuencia se nos muestra un paisaje de carretera y lo que va sucediendo entre paisaje, carretera y automóviles que circulan a velocidad inadecuada, pasando inmediatamente al plano del matrimonio en el interior de un coche cuya acción se desarrolla como consecuencia de aquello que hemos visto antes. Este modo innovador de narrar la historia desde el principio hasta la última escena del filme nos convierte en observadores infrecuentes de emociones provocadas sin que podamos inmediatamente comprender el porqué de éstas.

La importancia de la verdad formal, del entorno, casi documental, supone en esta película una revolución narrativa, mostrando más que demostrando. Lo técnico pasa a un segundo plano, imprimiendo el énfasis en lo que se quiere exponer, sorprendiendo bajo un lenguaje diferente, casi experimental.

No exenta de ironía, cargada de respeto y de crueldad a veces hacia sus personajes, toda la película es un viaje y, como tal, un descubrimiento.

Habría mucho que decir de esta pequeña gran película, podríamos hablar de su apariencia, de su original estilo, casi género road movie, de su carácter ilustrador de paisaje y monumentos, de su improvisación en los diálogos, de su supuesta falta de guión, si bien éste está firmado en los títulos de crédito por el propio director, y por Vitaliano Brancati y Antonio Pietrangeli y basado al parecer en una obra de Colette, Duo. De la leyenda sobre el mal momento que pasaba la relación Rossellini-Bergman y su supuesta dedicatoria, etc, etc…, podemos pasar…

Lo deseable sería que la vieran, a poder ser en su versión original, ya que se hacen más comprensible esos diferentes mundos, el del matrimonio cuyos diálogos en inglés contrastan con el entorno que les influye y les remueve, y con el sonido del paisaje y el paisanaje italianos.

Véanla y, cómo no, conviértanse en vapuleadores o admiradores de esta polémica obra. Ustedes deciden.

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Sobre el autor

Antonio Bazaga
Toño Bazaga. Más de 20 años dedicados al mundo del cine, habiendo tocado casi todos los palos: producción, desarrollo, escritura, financiación… Convencido de que el futuro del cine está aún por llegar. Apasionado de la literatura y la historia, creo que el celuloide es el mejor invento para contar lo que pasa, lo que pasó y lo que puede pasar. En fin, parte indispensable de nuestra vida.

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5 comentarios

  • El 25.01.2015 , Ignacio ha comentado:

    Enorme película que hasta hoy en día es un refrescante e innovador ejercicio, no me extraña que sea un hito dentro de la historia del cine

  • El 25.01.2015 , Jesus G. ha comentado:

    Estupendo artículo, me ha hecho recordar la primera vez que la vi y lo que me gustó, ahora después de leerle tengo ganas de verla otra vez, gracias

  • El 26.01.2015 , Carlos ha comentado:

    Gracias por recomendar su versión original y motivarnos a verla así.

  • El 28.01.2015 , Pilar García ha comentado:

    Nada mejor que ver esta película después de leer este artículo. Otra buena selección para nuestros ratos de buen cine.

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