22.07.2018

Del tío-abuelo gay al cambio climático: 10 lecturas 10 para adolescentes en verano

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Detalle de la portada del libro ‘Biografía de un cuerpo’, de Mónica Rodríguez.

Al preparar la maleta para las vacaciones, nadie debería olvidar meter un par de libros apetecibles. Aquí damos 10 recomendaciones para que los adolescentes disfruten el verano también leyendo. Historias que van desde la alerta por el cambio climático a la reivindicación del tío-abuelo gay del que nadie habla en la familia. Y hablamos precisamente con la autora de esta segunda historia, Rosa Huertas, escritora que conoce muy bien el mundo juvenil y que nos da unas cuantas claves para no perder el hábito de la lectura en esa edad de crecimiento, llena de dudas e inseguridades.

Cuando las niñas y los niños aprenden a leer, solemos abandonarlos a su suerte. Dejamos de leerles historias, dejamos de leer con ellos, les dejamos que vayan por su cuenta. Que aprendan a buscarse la vida y las lecturas por sí mismos. Dejamos de ser sus mediadores y empezamos a exigirles que lean todo aquello que nosotros, los adultos, no vamos a ser capaces de leer. Es en ese momento cuando abrimos una primera brecha por donde empezamos a perder lectores. Niñas y niños necesitan que les entrenemos en la carrera de fondo que es la lectura, que les vayamos dando ánimos, apoyos, que no dejemos de compartir con ellos estos momentos, que comentemos y leamos en voz alta de qué van las tramas que encierran los libros que vamos a compartir. Y sobre todo necesitan vernos leer. Esto es fundamental. En estos tiempos tan llenos de estímulos, el libro lo tiene difícil. Por eso hoy, antes de pasar a las 10 recomendaciones para el verano, hemos hablado con una autora de novela juvenil, Rosa Huertas, que conoce el mundo juvenil y les lanza historias llenas de referentes para ellos, con historias donde no se les subestima y que no son condescendientes con ellos, algo que detectan de inmediato.

¿Cómo ves a los adolescentes?

Qué complicado… A los adolescentes los calificamos en masa, en conjunto, y parece que asustan. Ves un grupo de niños y no te asustas, pero ves venir a un grupo de adolescentes y parece que dan un poco de respeto, ¿no? Hay que desmitificar bastante la adolescencia. Es una etapa difícil, tanto por lo que yo veo como por lo que yo recuerdo de mí misma. No volvería a la adolescencia ni loca, prefiero cumplir 60 años que tener 14. Fue una etapa horrorosa. Creo que ahora tienen cosas mucho mejores que cuando yo tenía esa edad, pero otras cosas creo que han empeorado. Ha empeorado la presión que tienen sobre la imagen; si todos hemos tenido nuestros complejos a esa edad, ahora tienen más presión, porque todo es escaparate, todo es visual, ahora se vende más la juventud y la belleza que nunca. Y luego tienen unas ofertas de ocio mucho mayores y eso a veces nos puede resultar difícil de comprender; más el enganche que pueden tener con el móvil, que es lo que les hace pertenecer a un grupo. Y es que en la adolescencia es importantísimo pertenecer y ser aceptado.

Los adolescentes se pasan el día leyendo las pantallas de sus teléfonos, ¿eso les quita tiempo para leer libros?

Les acusamos de que leen poco, pero es que los adultos leen mucho menos. Ahora leemos distinto. Ahora leemos mucho, pero leemos otras cosas. Solo hay que echar un vistazo a la gente en el metro. Ahora se leen menos novelas, menos monografías, ahora hay otras tendencias. Hay cuestiones de los adolescentes con las que yo me veo muy lejana. Tengo que reconocer que con los que han nacido en el siglo XXI siento una diferencia generacional que yo nunca había sentido con los que habían nacido en el siglo XX. Siempre he tenido muy buena relación con mis alumnos, nos hemos entendido muy bien, teníamos un código semejante, o yo intentaba manejar el código que ellos tenían, compartíamos registros de cine, de literatura o de otras cosas que ahora me cuesta hablar con ellos.

¿Tanto han cambiado los códigos?

Sí, y lo noto muchísimo. Me cuesta mucho más la relación cercana con mis alumnos. Ellos siempre tienen la misma edad y yo cada año soy más vieja. Eso ahora se nota mucho más.

¿Y todo esto te condiciona a la hora de escribir una novela?

No, en absoluto. Siempre he escrito de una manera muy libre. Nunca escribo por encargo. Por eso tengo libros guardados en cajones que no quiere nadie. Soy muy libre escribiendo, escribo lo que me apetece escribir. Eso hace que a veces mis libros lleguen y otras veces no.

En tus tramas metes temas que viven los adolescentes del siglo XXI. Hablas de sus conflictos, de sus luchas generacionales, de temas de actualidad.

Sí, claro. Pero eso no me condiciona, porque eso es lo que yo vivo todo el rato, todos los días, así que no es una imposición. No es que yo busque esos temas para mis novelas, no tengo más que hablar con mis chicos, con mis alumnos, para darme cuenta de las cosas que les pasan. Para una historia que estoy empezando ahora, necesitaba un personaje masculino y otro femenino muy potentes y escogí a dos de mis alumnos. Que luego la historia no va a tener nada que ver con ellos, pero fue tan sencillo como decirles: Carmen, escríbeme sobre ti; Jorge, escríbeme sobre ti. Parte de ese material va a estar en la novela, igual que hice con Tuerto, maldito y enamorado. Me gusta observar los conflictos que veo, lo que me cuentan, sus preocupaciones, lo que se mueve.

El lector encuentra así referentes con los que poder identificarse…

Sí. Pero no quiero ser complaciente. Pretendo que mis personajes adolescentes sean como son ellos. En Un balcón a la libertad, mi última novela, hay una chica que está súper protegida. Una idea que abunda en estos tiempo es intentar que los adolescentes no sufran, que sean felices, que todo les vaya bien. Con todo esto les hacemos un flaco favor y no les ayudamos a enfrentarse a los problemas reales. Cuando son perfectamente capaces de hacerlo. Ése es en cierto modo el mensaje de esta novela; en esta historia hay una chica a la que han ido ocultando desde siempre todos los problemas, todas las situaciones conflictivas del pasado y luego ella es capaz de tomar las riendas de su vida.

¿Cómo te planteas hablar abiertamente en una novela juvenil de Liberto, un tío-abuelo gay cuya historia toda su familia ha ocultado, pues se han avergonzado de ella durante décadas, y en la que son los adolescente los encargados de sacarla a la luz en busca de la verdad?

Quería hablar de esa situación, de la situación de los homosexuales durante el franquismo, incluso durante los primeros años de la democracia, años también muy complejos. Además lo he querido hacer también para que no se vea solamente la parte frívola de todo esto, para que los chicos vean que si hemos conseguido determinados derechos, que dos chicos o dos chicas puedan ir de la mano por la calle en este país, eso no se ha conseguido de la noche a la mañana, que hay mucho dolor detrás, muchas situaciones complicadísimas y un pasado tremendo. Para mí fue fundamental la lectura de un libro de Fernando Olmeda, El látigo y la pluma; esa lectura me impacto muchísimo. En este libro se cuentan casos tremendos, algunos de los cuales de refilón estarían reflejados en el personaje de Liberto. Me gusta ver en mis novelas cómo las historias del pasado tienen mucho que ver con el presente. Venimos de un pasado muy reciente y esa información a veces les falta a los adolescentes. Creo muy necesario que vean de donde venimos y cómo hemos llegado hasta aquí. Cómo lo que a ti te ocurre está totalmente implicado y relacionado con el pasado. Para que uno de los personajes de mi libro pueda conocerse y aceptarse, tiene que conocer primero la historia de su tío-abuelo Liberto.

Y para que los adolescente vuelvan a leer, ¿por dónde empezamos?, ¿por el siglo XXI o por el Siglo de Oro de la literatura española?

Hay que ir subiendo escalones, hay que empezar desde que son bebés. Hay que empezar contándoles cuentos, enseñándoles libros, para que antes de aprender a leer ya tengan ganas de leer. Y luego darles libros de acuerdo a cada edad. Lo que no puede ser es el salto mortal que a veces se da de Primaria a Secundaria. Que pasemos de leer los libros del Barco de Vapor a leer el Lazarillo o La Celestina. Ese salto mortal es imposible. Es en esa franja donde debe situarse la literatura juvenil para ir subiendo esos escalones. Donde el mediador tiene que ser el profesor, que los vaya guiando hasta que den el salto y lean El Quijote y les haga crecer como lectores. Mi compromiso es hacer novelas de calidad que les ayuden a ir dando esos pasos que les hagan crecer como lectores, metiendo referentes como Lorca, la movida madrileña…

¿Qué leía la Rosa adolescente?

Empezó leyendo a Elena Fortún, los libros de Celia. A mí me hizo lectora un libro maravilloso, Celia en el colegio. Me descubrió un mundo fascinante, tan fascinante que durante varios años, cuando llegaban las vacaciones, lo primero que hacía era releer este libro. En él hay una frase que ha marcado mi vida como escritora. Celia, durante las vacaciones, escribe en un cuaderno lo que le va pasando porque, dice, las cosas que pasan al final se olvidan, “y lo que está escrito es como si hubiera pasado siempre”. Y como aquel verano me lo pasé muy bien, quise hacer lo que hizo Celia, de manera que lo escrito fuera como si hubiera pasado siempre. Esa es la frase que a mí me convirtió en escritora.

Una novela juvenil que hayas leído últimamente y que recomendarías.

La novela de Alfredo Gómez Cerdá El vértigo de los canallas. Es una novela con mucha fuerza; una novela de crecimiento, donde al principio los protagonistas son unos niños y al final son unos adultos con todas sus virtudes y todos sus defectos y dramas interiores.

La escritora Rosa Huertas, autora de ‘Un balcón a la libertad’.

***

Ahora, nosotros, El Asombrario, os recomendamos 10 libros para adolescentes para de verdad disfrutar de la lectura en estas vacaciones, para no sentirla como una pesadilla, como una obligación impuesta por los adultos.

‘Un balcón a la libertad’. Rosa Huertas. Loqueleo.

Durante décadas los cobardes han obligado a los héroes a vivir en los armarios. Por fortuna, las cosas en este país han ido cambiando. Elena no quiere por más tiempo ser cómplice y decide no quedarse indiferente cuando descubre que tiene un tío-abuelo al que no conoce y que ha muerto recientemente. En su mundo nadie habla del tío Liberto y parece que el tema es tabú para sus padres. El tío Liberto era un fotógrafo testigo de nuestra historia más reciente, que vivía en plena Puerta del Sol y que amaba este lugar porque siempre fue, es y será un lugar para la reivindicación de la libertad. Elena, a pesar de la oposición de todo el mundo, decide recuperar la historia callada de su tío-abuelo, para que su esfuerzo y sacrificio no queden en el olvido y la actual generación LGBTI conozca el lugar de donde proceden parte de sus derechos sociales actuales.

‘Superpaco y los niños poseídos’. Juana Cortés Amunarriz. Ilustrado por Gómez. NubeOcho.

Gotham tiene el suyo, Metrópolis también y Nueva York tropecientos… Así que ya iba siendo hora de que Madrid tuviera el suyo. Por fin Madrid tiene un superhéroe; un tipo normal y muy castizo que se tiene que encargar de devolver a la normalidad a una ciudad sometida al caos por una banda de niñas y niños poseídos. Y es que algo terrible les sucede a las niñas y niños de Madrid. Lanzan a sus abuelas por los aires, cortan el tráfico, sabotean los supermercados e incluso amenazan a la policía. La única esperanza es SuperP. ¿Pero qué poderes tiene? ¿Cómo los ha obtenido? ¿Quién es realmente Superpaco? Pues no te lo pienso contar, lo tienes que averiguar al leer este libro lleno de humor, donde todo es posible.

‘Cuentos Criminales’. Pedro Mañas. Ilustrado por David Listón Sierra. Libre Albedrío.

Pedro Mañas sabe mucho de ladrones y sabe cosas que no debería saber nadie, pero que ha decidido contarlas en este libro y asumir las consecuencias, pues los secretos no deben contarse nunca. Cuentos criminales es un libro que saca, por fin, a la luz las historias más espeluznantes del mundo criminal y que todos estamos deseando conocer. Un mundo donde hay mil tipos de ladrones, de guante blanco y de guante negro, de agua dulce y de agua salada, de naranja y de limón. Pero todos son tan peligrosos y temibles que después de leer este libro nadie podrá dormir tranquilo.

‘Viaje en el tiempo con un hámster’. Ross Welford. Edelvives.

¿Cómo te imaginas que son las máquinas para viajar en el tiempo? ¿Sofisticadas? ¿Llenas de botones y luces? Seguro que no se te ha ocurrido pensar que puedan ser un barreño de zinc enganchado a un ordenador portátil. Pues así es precisamente la máquina para viajar en el tiempo de este libro. Al Chaudhury tiene una oportunidad única: salvar la vida de su padre. Eso sí, deberá viajar muy lejos para conseguirlo. Nada más y nada menos que hasta 1984. El día en que Al cumple 12 años, recibe una carta de su padre, que murió tres años atrás. En esta carta su padre le revela un gran secreto, la existencia de una máquina del tiempo con la que podría salvarle la vida.

El río que se secaba los jueves (y otros cuentos imposibles)’. Víctor González. Ilustrado por Pablo Amargo. Kalandraka.

Niños y niñas, aunque sean lectores consagrados, necesitan seguir leyendo cuentos donde las reglas no existan, seguir viviendo en fantasía, un lugar donde todo es posible, donde todos los personajes imaginables puedan convivir sin ningún tipo de fronteras. Hacerte un lector autónomo no te incapacita para leer grandes cuentos imposibles. Así que para aquellas niñas y niños que siguen disfrutando del placer de leer cuentos, Kalandraka nos trae El río que se secaba los jueves (y otros cuentos imposibles), un compendio de historias para compartir entre pequeños y mayores, para ampliar los límites de nuestra imaginación. Para reivindicar el derecho a seguir leyendo cuentos sin importar la edad.

El vértigo de los canallas’. Alfredo Gómez Cerdá. Loqueleo.

Lo que empieza como una dulce novela de infancia y juventud termina convirtiéndose en un novelón de final sobrecogedor. Estrella, Manuel y Bernardo son buenos amigos desde la infancia y viven en Poblado. Un lugar muy humilde y olvidado en los mapas que tiene todo lo que puedan necesitar estos tres niños para ser felices. En principio, a los tres les espera una vida similar; Manuel es el único que desea salir de Poblado y a veces contagia su sueño de volar alto a sus amigos. El amor, los celos y la venganza serán los tres ingredientes principales que marcarán el futuro de los tres. Una novela juvenil apta para el público adulto y que impresionará a muchos lectores.

‘New Earth Project’. David Moilet. Edelvives.

Aunque estamos ante la típica novela juvenil de chico gusta a chica y de chica gusta a chico, de enredos de instituto, de compañeros de clase con sus celos y sus rencillas, lo que hace distinta y atractiva a esta novela es el contexto donde se desarrolla, el año 2125. Un año donde el cambio climático, por falta de cuidado del ser humano, se ha cargado el mundo tal como lo conocemos en la actualidad. Esta novela nos lleva a un futuro donde todo está devastado, salvo unas falsas cúpulas donde viven las élites de la sociedad del futuro y nos obliga a pensar sobre nuestro papel determinante en el cambio climático. Pero esta novela tiene más cosas que la hacen interesante: intriga e investigación. Una investigación frenética y arriesgada para descubrir la verdad de lo que está pasando en la vida de los protagonistas y en el planeta.

Biografía de un cuerpo’. Mónica Rodríguez. SM.

Mónica Rodríguez nos trae una novela sutil, elegante, bien escrita, donde nos cuenta las dudas y el sacrificio que supone para un adolescente estar a la altura de las expectativas de los demás. “Porque cuando se es niño, es fácil dejarse llevar por lo que piensas, por lo que piensan los demás… todo se mezcla. Y es fácil. Luego creces, y es un lío”. A través del baile, en Biografía de un cuerpo vamos a conocer todos esos conflictos típicos de la adolescencia y que los adultos consideramos chiquilladas. Conflictos transcendentales cuando tu mundo se compone de ir descubriendo cómo eres y cómo te gustaría ser.

Sachiko’. Caren Stelson. Editorial Milenio.

Sachiko es la historia de una superviviente de la bomba atómica de Nagasaki. Sachiko es una niña que ha vivido lo peor de lo que el ser humano es capaz, la destrucción masiva. Todos deberíamos conocer la historia de esta niña que sobrevivió al infierno y que dejó por el camino a gran parte de su familia. A través de sus recuerdos, fotografías, lecturas sobre la vida de Gandhi, esta hibakusha (persona bombardeada) nos va narrando cómo fue su vida y cómo nace la necesidad de contar al mundo su experiencia para que nos pueda servir de lección de vida. Sobrecogedor relato, imprescindible si queremos conseguir adolescentes críticos.

‘Siempre será diciembre’. Wendy Davies. SM.

Cuarenta segundos son suficientes para cambiarlo todo. La trágica muerte de Sam lo pone todo patas arriba. Los recuerdos que tratan de recuperar a su hermana y su mejor amigo para mitigar su ausencia están llenos de mentiras que todo lo envuelven y que ahogan a estos dos jóvenes. Esta novela, ganadora del Premio Gran Angular 2017, encantará a aquellos lectores fascinados por la música. Un texto muy bien escrito, con capítulos breves y con sugerentes estructuras narrativas, que interesará mucho a los adolescentes amantes de la novela realista.

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Sobre el autor

Javier Pizarro
Maestro de Educación Infantil, desde hace más de 15 años en la escuela pública. Acompaño a los niños/as así como a sus familias en el proceso de aprender. Apasionado por la literatura infantil y juvenil, que vista desde un punto desde la aproximación adulta, resulta llena de ironía, sentido común y nos ayuda a reflexionar sobre la educación, la vida y nuestras fantasías.
Decía José Saramago en su cuento para niños La flor más grande del mundo: “¿Y si las historias para niños fueran de lectura obligatoria para los adultos? ¿Seríamos realmente capaces de aprender lo que, desde hace tanto tiempo, venimos enseñando?”
Instagram: @javierpizavi
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