03.02.2020

“Tú en política no te metas, que tienes que trabajar para todo el mundo”

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Foto: Victoria Iglesias.

¿Cuál es tu político preferido? ¿Quién te ha decepcionado? ¿Qué piensas del problema catalán? ¿Y de la monarquía? ¿Te gusta la enseñanza que recibe tu hijo? ¿El aire que respiras está contaminado? Así, con muchas más preguntas como estas, atravesé el otro día el edificio del Congreso mirándolo con desdén. Hemos avanzado mucho, pero… Pero me da la sensación de que todo sigue permanentemente en obras.

Pocas veces hablo de política. En realidad, ¿qué significa “hablar de política”? Para mi padre, era esto: “Tú en política no te metas, que tienes que trabajar para todo el mundo”. A la vez que se levantaba malhumorado del sofá si me había visto demasiado visceral con algún asunto, mientras apagaba la tele.

Claro que mi padre llevaba 30 años trabajando en AHV (Altos Hornos de Vizcaya), en Bandas. Y había venido de Salamanca al País Vasco sin partido político, por supuesto. Se afilió a un sindicato de trabajadores y se curtió, después, a base de huelgas generales, piquetes y trincheras en las que se protegían unos y desde las que salían a pelear otros. Resumiendo, cómo había aprendido a sobrevivir atravesando un campo minado, casi todos los días, para traer el alimento a la familia.

De un “amigo” cogí prestada la palabra mercenaria:

“Yo soy una mercenaria”, me dije durante algún tiempo. Pero con el paso de los años esta palabra no terminaba de encajar conmigo, ya que al final lo último en lo que siempre pensaba era en el dinero. Así que hubo otro tiempo en que me decía: “Yo soy una mercenaria honrada”. Posteriormente la eliminé del todo. O se es o no se es, chavala.

Así que, si hilas fino, y miras lo que puede haber detrás de cada uno de los encargos… Me refiero a esa empresa que trabaja con papel no reciclado (obviamente es una exageración, es hilar muy fino, pero…). O por ejemplo… Esas fotos que haces de un diseñador que trabaja para una súper marca comercial que, a la vez, tiene fábricas en Bangladesh y explota trabajadores. Algunos serán menores de edad, piensas… Y, luego, miras la etiqueta de tu ropa y la de los demás, y resulta que todos llevamos prendas hechas en la India, China, etc… En este plan no trabajas nunca y, por eso, tienes que darte una de cal y otra de arena; nunca pasándote, claro.

Como en las obras del Congreso, donde la andaban mezclando para el cemento esos días.

Ver los aledaños del Congreso en obras me pareció, entonces, como profanar el camino al santuario. Una alfombra que pocos privilegiados podían y pueden pisar. Por lo que representa, algo así como cuando pisas el KM 0 en la Puerta del Sol. Aunque, ese día, apenas hice caso a la foto e incluso la tiré con indiferencia. Sí llegué a casa pensativa. Las primeras imágenes nítidas del Congreso me vienen a la cabeza de cuando era niña y, luego, ya de jovencita.

Basauri, 1975. En una tele en blanco y negro… Unos niños monísimos (y las posteriores imágenes que vi de ellos, con unos colores muy raros, en la tele del vecino, que había puesto un plástico tricolor en la pantalla de su televisor para no ver las imágenes en blanco y negro) y una familia idílica.

En ambas paletas, de negros o colores raros, los recuerdo allí quietecitos parados: un príncipe, con la cobartita; y sus hermanas, con unos zapatitos con hebilla y unos cinturones anchos ciñendo los vestidos, que luego comprobé que eran verdes en las fotos de las revistas, que no en la tele del vecino donde les pillaba la franja de color rojo. La madre, detrás del marido, con un vestido largo. Vamos, “lo normal”. Detrás, el protagonista: el Rey. Una situación lógica a los ojos de una niña en los 70, ya que en la tele lo decían.

En 1981 las otras imágenes que recuerdo nítidas son las de Tejero. ¡¡¡Uy!!! Ahí yo ya tenía más conciencia. La que se va a armar, contaba mi hermana, que esa tarde-noche no se despegó de la radio; y a mí se me erizaba con sus palabras el pelo. Seguro que mañana no tenemos examen de Lengua, verás… Basauri era un polvorín y mi barrio del Kalero, pura dinamita. Lo lógico.

Pues algo de esto me vino a la cabeza después de pasar ese día por el Congreso en obras. Y también recordé la primera vez que lo vi cuando llegué a Madrid, de la misma manera que me planté por primera vez en el Prado delante de las Meninas después de haberlas visto en los libros del colegio.

Enero de 2020…. Paso por delante del Congreso con indiferencia. Ya no me sorprende. Lo miro como si mirara cualquier otro edificio. Ni siquiera los leones me dicen gran cosa. No me importa quién sale o quién entra, a pesar de que estos días andan formando gobierno. Dos cosas: o me he hecho mayor o me aburre. Ciertamente, hemos mejorado, pero:

Pero yo, ¿a quién voto?

No sé, ese es demasiado arrogante.

¿De qué partido soy?

No sé, este solo piensa en el poder, se le ve el plumero. Y el otro y el otro…, lo mismo.

¿Cuál es tu político preferido? No sé… No lo tengo.

¿Quién te ha decepcionado? No sé… Casi todos.

¿Qué piensas del problema catalán? No sé… Mejor hablar de esto cara a cara. Desde Madrid no se comprenden muchas cosas. Desde Cataluña y el País Vasco no se entienden otras.

¿Y de la monarquía? No sé… Me voy a callar, no sea que me encargue una foto Doña Letizia y mi padre se levante del sofá malhumorado.

¿Cuántas mujeres se presentan a presidente? No sé… Ninguna, creo.

¿Te gusta la enseñanza que recibe tu hijo? No sé… Los planes de estudio no me gustan. Sobrecargados e inútiles. Más y más casi siempre es menos.

¿El aire que respiras está contaminado? No sé… Creo que sí. Bastante. Desde mi terraza se ve el marrón lechoso a lo lejos. Desde ese lejos ven el marrón lechoso que yo tengo encima.

¿Crees que como autónomo te puedes poner enferma? No sé… Creo que no. Pierdes el encargo y a saber cuándo es el siguiente. He trabajado con fiebre y no es una sensación muy grata.

¿Recibes una buena cobertura médica? No sé… Creo que tenemos la mejor… Pero, sin embargo, llevo tres meses esperando la cita con el ginecólogo, por ejemplo. Y ojalá no la tenga que cambiar porque accidentalmente ese día tenga trabajo.

¿Recuerdas el reportaje que hiciste sobre Mati ( la asesinaron entre Nochevieja y Año Nuevo)? ¿Crees que las mujeres…? No sé… Siguen muriendo muchas en manos de sus parejas, ex parejas…, violadores, asesinos. Yo sufrí un intento de violación en el portal de mi casa, a muchas mujeres nos ha sucedido, pero esto nunca se cuenta. Desde entonces cada vez que voy por un sitio solitario y oscuro me late el corazón.

¿Crees que puedes decir lo que piensas? No sé… Pero últimamente me dan miedo las Redes. No me siento libre para decir por Redes lo que pienso, definitivamente.

Así, con muchas más preguntas como estas, atravesé el otro día el edificio del Congreso mirándolo con desdén.

Hemos avanzado mucho, pero, por favor, vamos a ir eliminando los peros.

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Sobre el autor

Victoria Iglesias
Victoria Iglesias. Fotógrafa y periodista. Ha publicado sus trabajos en la numerosas cabeceras de comunicación nacionales y extranjeras: El País Semanal, Panorama, París Match , MTV Magazine, El Magazine de la Vanguardia, Interviú, Grupo Z, Cosmopolitan, Vogue…; habiendo participado en numerosas exposiciones de fotografía, tanto individuales como colectivas. Su trabajo no sólo gira en torno al retrato (en sus comienzos, una de sus fotos de Camarón fue seleccionada en el Ortega y Gasset de periodismo), también deambula entre el reportaje de viaje, social (Chiapas, Libia, Sinaí…), el mundo editorial (Alfaguara, EB, Planeta…) y la fotografía artística. La Caja Oscura, pinceladas pixeladas (2015) y Miradas literarias (2016) son sus exposiciones individuales más recientes. En Twitter: @viglesiasphoto El blog de Victoria Iglesias

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